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NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 21/09/2026.- La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez (d) a su llegada este lunes a Nueva York, Estados Unidos, para representar a su país en la Asamblea General de la ONU, donde tiene previsto reunirse el martes con el mandatario estadounidense, Donald Trump. X/Delcy Rodríguez/SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

Delcy Rodríguez, a su llegada este lunes a Nueva York, a Asamblea General de la ONU, para reunirse con Donald TrumpEFE

El bautismo de Delcy Rodríguez en la ONU, las horas de Maduro en la cárcel y el «vacío de poder» en Venezuela

La «presidenta encargada» no ha dejado a nadie al mando en Caracas y no tiene previsto visitar al sucesor de Hugo Chávez ni a su mujer, Cilia Flores, ambos presos en Nueva York

La ex vicepresidenta de Nicolás Maduro y actual «presidenta encargada» coincide estos días con su antiguo jefe en Nueva York. Delcy Rodríguez llegó este lunes a la ciudad de los rascacielos para participar en la Asamblea General de Naciones Unidos y estrechar, por primera vez, la mano del presidente Donald Trump. La de Maduro la tiene cerca, en una cárcel de Brooklyn, pero en su agenda no está previsto hacerle una visita.

Delcy Rodríguez salió de Caracas sin dejar por escrito el nombre de la persona que ejercerá sus funciones mientras esté fuera. La mujer que satisface los apetitos y ambiciones económicas de Trump no delega, al menos sobre el papel, el poder.

Superviviente reforzada de los restos de la dictadura bolivariana que ahora tutela Washington, Rodríguez sigue rodeada de personajes. en teoría, en busca y captura y hasta con recompensa de Estados Unidos. Es el caso de Diosdado Cabello, de quien no se fía y, naturalmente, de su hermano y presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, quien, a efectos reales, le cubre las espaldas mientras ella celebra en la tierra de lo que antes llamaba el imperio, «la esperanza de un pueblo que cree en el encuentro y la unión entre naciones».

El «patio trasero» de Estados Unidos en el que se ha convertido Venezuela está en calma tensa. El doble terremoto del mes de junio que sacudió el país dejó miles de muertos, más de un millón de afectados y la moral bajo tierra. La esperanza de tener unas elecciones pronto y poder despachar al régimen que lleva 27 años torturando y abusando de su población parece alejarse. Lo que se aprecia cercano es la explotación del oro negro mediante unos acuerdos con el régimen que generan más dudas jurídicas que certezas.

El plazo de Delcy Rodríguez para ocupar el Palacio de Miraflores venció, según la Constitución bolivariana, el mes pasado, pero ella sigue donde la Administración Trump señala. Mientras, la líder de la oposición María Corina Machado está con las maletas hechas para volver a Caracas. Hacerlo en su ausencia sería un golpe de efecto demoledor.

El blanqueamiento de esa «persona fantástica», como calificó Donald Trump a la «presidenta encargada», altera aún más los ánimos de los venezolanos que, por ahora, se resignan a ver en X los mensajes de Delcy Rodríguez.

Ironías de la historia, a ella –no podía ser otra– se le atribuye el «soplo» de la ubicación del matrimonio Maduro que permitió su «extracción» y posterior traslado a la prisión de Brooklyn, apenas a unos kilómetros de la sede de la ONU.

El escenario es formidable para Rodríguez, pero el contexto es delicado. El exministro y presunto testaferro de Maduro, Alex Saab, está bajo custodia en Miami, se ha declarado culpable y está dispuesto a confesar y a contar los trapos sucios de la cúpula del régimen. Y en lo más alto de la misma está esa Delcy Rodríguez, la que, según el presidente de Estados Unidos, está «haciendo un trabajo fantástico».

Mientras tanto, ella se solaza en X: «En la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, Venezuela estará presente para llevar su voz y defender sus principios, con una agenda de trabajo basada en el respeto, la cooperación y el entendimiento».

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