El contraste entre el periodista acabado y el joven político
El periodista desleal transmite la idea de que el éxito puede alcanzarse mediante la manipulación y el oportunismo. El joven político correcto demuestra que es posible participar en la vida pública manteniendo principios éticos sólidos
Jordan Bardella en una intervención en la televisión francesa
En toda sociedad democrática, tanto el periodismo como la política desempeñan funciones esenciales para la vida pública. Los periodistas tienen la responsabilidad de informar con rigor y honestidad, mientras que los políticos deben representar los intereses de los ciudadanos y gestionar los asuntos colectivos con integridad. Sin embargo, cuando un periodista actúa de forma desleal y un joven político demuestra corrección y honestidad, aparece un contraste especialmente significativo que invita a reflexionar sobre los valores que deben guiar el ejercicio de ambas profesiones.
El periodista desleal es aquel que renuncia a los principios fundamentales de su oficio. En lugar de buscar la verdad y ofrecer información contrastada, selecciona los hechos de manera interesada, manipula los datos o difunde rumores con el objetivo de favorecer determinadas agendas personales, económicas o ideológicas. Su conducta puede erosionar la confianza de la ciudadanía en los medios de comunicación, ya que convierte la información en una herramienta de influencia en lugar de un servicio público.
La deslealtad periodística puede manifestarse de muchas formas. Algunos profesionales presentan opiniones como si fueran hechos objetivos. Otros silencian informaciones relevantes para proteger a ciertas personas o instituciones. También existen quienes exageran acontecimientos o utilizan titulares sensacionalistas para atraer audiencia, aunque ello implique distorsionar la realidad. En todos estos casos, el perjuicio no recae únicamente sobre las personas afectadas por las noticias, sino sobre el conjunto de la sociedad, que necesita información veraz para tomar decisiones responsables.
Frente a esta figura aparece la del joven político correcto. Lejos de la imagen estereotipada que a veces acompaña a la actividad política, este joven representante entiende su función como un servicio a la comunidad. Actúa con transparencia, escucha a los ciudadanos y procura que sus decisiones estén guiadas por criterios éticos más que por intereses personales. Aunque pueda cometer errores, busca rectificarlos y asumir sus responsabilidades cuando sea necesario.
La principal diferencia entre ambos personajes radica en su relación con la verdad. El periodista desleal considera la información como un instrumento que puede moldearse según su conveniencia. Para él, la verdad es secundaria frente a los beneficios que puede obtener a corto plazo. El joven político correcto, por el contrario, comprende que la confianza pública es un capital difícil de construir y muy fácil de perder. Por ello procura mantener la coherencia entre sus palabras y sus actos.
Otro aspecto relevante es la forma en que ambos entienden el poder. El periodista desleal utiliza la influencia de los medios para orientar la opinión pública según intereses particulares. En ocasiones puede llegar a desacreditar injustamente a personas o instituciones mediante campañas informativas sesgadas. El joven político correcto, en cambio, asume que el poder político es una responsabilidad temporal otorgada por los ciudadanos. Su propósito no es dominar ni manipular, sino contribuir a resolver problemas y mejorar la calidad de vida de la población.
También existen diferencias evidentes en materia de responsabilidad social. El periodista desleal suele concentrarse en los beneficios inmediatos que puede obtener de una noticia polémica o de una información manipulada. Rara vez valora las consecuencias que sus acciones pueden tener sobre la convivencia social. El joven político correcto, por el contrario, es consciente de que cada decisión pública afecta a miles de personas. Por esa razón procura actuar con prudencia, equilibrio y respeto hacia los distintos sectores de la sociedad.
La credibilidad constituye otro elemento fundamental de esta comparación. Aunque un periodista desleal pueda disfrutar temporalmente de notoriedad o influencia, tarde o temprano su falta de rigor termina afectando a su reputación. Cuando los ciudadanos descubren contradicciones, manipulaciones o falsedades, la confianza desaparece. En el caso del joven político correcto, la credibilidad se fortalece precisamente gracias a la coherencia y a la honestidad. Cada acción responsable contribuye a consolidar una imagen pública basada en la confianza.
Además, ambos personajes generan modelos de conducta diferentes para las nuevas generaciones. El periodista desleal transmite la idea de que el éxito puede alcanzarse mediante la manipulación y el oportunismo. El joven político correcto demuestra que es posible participar en la vida pública manteniendo principios éticos sólidos. Su ejemplo puede inspirar a otros jóvenes a comprometerse con la sociedad desde la honestidad y el respeto.
No obstante, es importante señalar que esta comparación no pretende afirmar que todos los periodistas sean desleales ni que todos los jóvenes políticos sean necesariamente correctos. Existen numerosos profesionales del periodismo que ejercen su labor con independencia, valentía y rigor, del mismo modo que hay políticos que no cumplen con los estándares éticos deseables. La comparación sirve para destacar dos modelos opuestos de comportamiento y las consecuencias que cada uno tiene para la sociedad.
En conclusión, el periodista desleal y el joven político correcto representan dos maneras muy distintas de entender la responsabilidad pública. El primero sacrifica la verdad y la confianza en beneficio propio, debilitando la calidad democrática. El segundo actúa con honestidad y vocación de servicio, fortaleciendo la relación entre los ciudadanos y las instituciones. En una época marcada por la rapidez de la información y la creciente exigencia de transparencia, la sociedad necesita más profesionales comprometidos con la ética y menos individuos dispuestos a traicionar los principios de sus respectivas funciones.
Como habrán comprendido me refiero de manera transversal a dos personas públicas francesas: al periodista Edwy Plenel, a quien conozco bien desde la época de Le Monde (Le Nouveau Monde), a Jordan Bardella, líder junto a Marine Le Pen de Reagrupación Nacional. El primero ha publicado un artículo lleno de incoherencias y sin pruebas contantes en contra del segundo acusándolo de antisemita por unos presuntos comentarios que éste hiciera a la edad de 17 años. Bardella ha desmentido y ha puesto una demanda al medio de Plenel, Médiapart. Plenel, en cambio sí tiene una historia real de posible antisemitismo cuando era rojísimo de extrema izquierda (lo sigue siendo, ahora bajo otra máscara); aquí el extracto sacado del periódico Libération:
En un texto escrito en 1972 y publicado en Rouge , el semanario de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), Edwy Plenel pidió la `defensa incondicional` de los militantes de la organización palestina Septiembre Negro, que acababan de asesinar a once miembros del equipo olímpico israelí durante una toma de rehenes en los Juegos Olímpicos de Múnich de ese año. Escribió:
«Las acciones de Septiembre Negro destrozaron la farsa olímpica, interrumpieron los acuerdos amistosos que los reaccionarios árabes se disponían a concluir con Israel (...) Ningún revolucionario puede desvincularse de Septiembre Negro. Debemos defender incondicionalmente a los militantes de esta organización contra la represión (...) En Múnich, el trágico final, según los filisteos de toda índole que guardan silencio sobre el asesinato de los militantes palestinos, fue deseado y provocado por las potencias imperialistas, y en particular por Israel. Se decidió fríamente proceder con la masacre».
Estas palabras, firmadas por Joseph Krasny, seudónimo de Plenel en Rouge, se conocen desde hace varios años. Salieron a la luz por primera vez en 2008 en Enquête sur Edwy Plenel, escrito por el periodista Laurent Huberson. Casi un capítulo entero está dedicado al anticolonialismo, el antirracismo y el radical antisionismo del joven activista Plenel…