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Antonio Ledezma
AnálisisAntonio Ledezma

Venezuela: simplemente una fecha para celebrar las elecciones

Definirla brinda coordenadas a la causa democrática: permite depurar y actualizar el Registro Electoral, garantizar el sufragio de la diáspora, restablecer las garantías constitucionales, habilitar la participación de todos los liderazgos

AME9547. NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 21/09/2026.- El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, recibe a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodriguez, este lunes, previo a la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York (Estados Unidos). EFE/ Angel Colmenares

El secretario general de la ONU António Guterres, recibe a Delcy Rodriguez en la Asamblea GeneralEFE

Una fecha no es un simple guarismo en el almanaque. Para Venezuela, la certeza de una convocatoria electoral representa la grieta por donde comenzará a disiparse una prolongada penumbra. Significa señalar el día exacto en que la ciudadanía podrá definir su destino a través del cauce pacífico, soberano y noble del voto.

El clamor por fijar ese hito adquiere un vigor irrevocable dentro y fuera de nuestras fronteras. El senador estadounidense Bernie Moreno ha visibilizado la urgencia de establecer un horizonte claro, sugiriendo la pertinencia de celebrar comicios el 24 de julio de 2027. A esta voz se suman legisladores como Rick Scott y Mario Díaz-Balart, firmes en exigir un proceso auténtico, libre y verificable. Sin embargo, el impulso fundamental proviene de millones de venezolanos que han aguardado con dignidad el momento de reasumir la conducción de su propia historia.

Definir la fecha electoral brinda coordenadas a la causa democrática: permite depurar y actualizar el Registro Electoral, garantizar el sufragio de la diáspora, restablecer las garantías constitucionales, habilitar la participación de todos los liderazgos, convocar a una observación internacional calificada y devolverle fe a las instituciones. Cada día de postergación agrava la zozobra de los hogares, asfixia el desarrollo, mantiene en cautiverio a los presos políticos y prolonga el doloroso desierto de la migración.

La memoria universal demuestra que los procesos de transición demandan decisiones audaces, capaces de convertir la expectativa popular en un itinerario concreto: Sudáfrica: Celebró en abril de 1994 sus primeras elecciones multirraciales tras décadas de segregación y quebranto social. Aquella jornada selló la presidencia de Nelson Mandela e inauguró una era de reconciliación nacional. Chile: Acudió a las urnas el 14 de diciembre de 1989 para elegir presidente y congreso, dando cauce institucional a la contundente victoria ciudadana expresada en el plebiscito de 1988. España: Convocó a sus Cortes Constituyentes el 15 de junio de 1977, cimentando el pacto democrático y la convivencia cívica tras un dilatado régimen autoritario.

Aunque cada pueblo recorre su propia vía dolorosa y construye sus soluciones atendiendo a su realidad, las gestas de Sudáfrica, Chile y España convergen en una verdad esencial: las transiciones se materializan cuando se pacta una cita ineludible con las urnas, se respetan las reglas del juego y se acata la voz soberana de las mayorías.

El pretexto de quienes reclaman plazos dilatados resulta insostenible frente al espejo de la historia reciente. Tras el deceso de Hugo Chávez el 5 de marzo de 2013, el organismo electoral fijó en apenas cuatro días la convocatoria para el 14 de abril. Transcurrieron escasos cuarenta días entre el luto oficial y el acto de votación, con una campaña formal de tan solo diez días. En aquel momento, la cúpula en el poder juzgó que la nación poseía plena capacidad técnica y logística para resolver la sucesión presidencial a marcha forzada.

¿A qué responde entonces la reticencia actual? ¿Por qué postergar la restitución institucional sobre la devastación del país? Venezuela cuenta con un capital humano inagotable: técnicos, académicos, gremios, iglesias, juventud y una diáspora resuelta a reconstruir la patria. La reserva moral y técnica está intacta, lista para acompañar un proceso transparente.

El 28 de julio de 2024, el pueblo venezolano protagonizó una gesta épica. Acudió a las urnas superando amedrentamientos, inhabilitaciones y el ventajismo oficialista. La ciudadanía recopiló y resguardó las actas de votación en un despliegue sin precedentes. Evaluaciones independientes, como la del Centro Carter, confirmaron la ausencia de garantías democráticas y avalaron la incontrovertible victoria de Edmundo González Urrutia. Esa voluntad popular expresada en las urnas constituye un mandato sagrado que la nación está resuelta a hacer valer.

Esta lucha trasciende cualquier aspiración personal. El testimonio de María Corina Machado es demostración de desprendimiento y sentido de Estado. Al ser arbitrariamente inhabilitada, antepuso el bien común y promovió con hálito unitario la candidatura de Edmundo González Urrutia, honrando el mandato de las primarias de 2023. Su conducta ha sido un verdadero catalizador de unidad y dignidad.

La fijación de la fecha debe ser el punto de partida de un acuerdo integral respaldado por condiciones auditables: Libertad inmediata y plena para la totalidad de los presos políticos. Garantías de retorno seguro para todos los perseguidos y exiliados. Anulación definitiva de las inhabilitaciones administrativas e inconstitucionales. Despliegue de observación internacional Imparcial, técnica y calificada. Equidad efectiva en el acceso a medios de comunicación y cobertura institucional. Depuración y apertura transparente del Registro Electoral dentro y fuera del territorio nacional. Y un compromiso ineludible de acatamiento a los resultados soberanos emanados de las urnas.

Estas exigencias no representan concesiones, sino los cimientos indispensables para transformar la cita electoral en el umbral de la reconstrucción republicana.

El pueblo venezolano ha fraguado su carácter en la resistencia. Ha sobrellevado con entereza la escasez, el colapso de los servicios, la precariedad y la herida abierta del desarraigo familiar. Esa indignación acumulada no busca la revancha, sino un cauce pacífico, constitucional y democrático. El voto cívico es la herramienta con la que el ciudadano opone la firmeza de su conciencia ante el despropósito del poder.

¿Qué reclama la nación? Simplemente una fecha. Una fecha para expresarse en libertad; una fecha para abrir los candados de las prisiones políticas; una fecha para propiciar el reencuentro de las familias; una fecha, en fin, para dejar atrás la ruina e iniciar la refundación de la República.

María Corina Machado encarna la firmeza y la conducción de esta travesía democrática. Su liderazgo no deriva de componendas, sino de la constancia, la coherencia y una profunda comunión con el sentir popular. Las maniobras para improvisar alternativas carecen de arraigo en el alma nacional. Su legitimidad emana de la lucha perseverante junto al pueblo venezolano en su determinación irrenunciable de conquistar la libertad.

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