Audiencia del Rey Mohamed VI con la nueva primer ministra de Marruecos, Fatima Zahra El Mansouri, en Rabat
Marruecos esconde la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla con la formación de su nuevo Gobierno
Han tenido que pasar 19 años y una invasión masiva de miles de inmigrantes desde Marruecos para que los Reyes vuelvan a protagonizar una visita histórica a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Don Felipe y doña Letizia han recibido el cariño de los ceutíes y melillenses, que esperaban con anhelo y alegría la llegada de los monarcas. Hay que remontarse hasta 2007, cuando el Rey Juan Carlos I y Doña Sofía pisaron estas dos ciudades autónomas, desatando una crisis diplomática con Rabat.
El contexto actual es muy diferente al de entonces. La visita de los soberanos se ha precipitado, precisamente, por el ataque a la integridad territorial que sufrió España el pasado mes de julio con la entrada masiva de más de 70.000 inmigrantes desde el país vecino, con la connivencia de las autoridades de Rabat. La presencia de buques de guerra marroquíes en aguas españolas, coincidiendo con la invasión –un hecho revelado primero por El País y luego confirmado por el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez–, afianza la teoría de que la monarquía alauí permitió, si no alentó, los cruces.
Para el Rey Mohamed VI, al igual que para su padre, Hasán II, cualquier visita de SS. MM. los Reyes a Ceuta y Melilla supone una línea roja, al considerar estos territorios «plazas ocupadas», aunque nunca formaron parte de Marruecos y su estatus nunca ha estado en tela de juicio. En 2007, el simple anuncio del viaje de los monarcas desató una ola de declaraciones que advertían de las consecuencias. De hecho, Rabat llamó a consultas a su embajador en Madrid, Omar Azziman, y el último día de la visita, Mohamed VI emitió un duro comunicado que condenaba los actos.
En esta ocasión, la Corona alauí –en el ojo del huracán internacional por la crisis en Ceuta– ha tratado de tapar la visita de Felipe VI y Letizia a las ciudades autónomas con la formación de su nuevo Gobierno. Más allá de algunas portadas amarillistas en periódicos locales, en el país magrebí ha primado un insólito silencio oficial. Rabat ha desviado la atención hacia la formación del Ejecutivo liderado por la nueva primera ministra, Fátima Zahra El Mansouri, contraponiendo actos institucionales para mantener ocupadas a su población y a la prensa con asuntos de política interna.
Así, el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, la Embajada de España en Marruecos, como todos los años, organiza una fiesta a la que suelen acudir los principales ministros marroquíes. Este año, sin embargo, y en vísperas del viaje de los Reyes, estos se ausentaron del acto con el pretexto de la formación del nuevo Gobierno, lo que provocó que el representante español no pronunciara ningún discurso por la Fiesta Nacional. Ese mismo día, El Mansouri decidió anunciar que había logrado un acuerdo de coalición con los partidos de centroizquierda. Como contrapartida, la embajadora marroquí en España, Karima Benyaich, sí acudió ese mismo día a la recepción de los Reyes por la Fiesta Nacional en el Palacio Real.
Los medios de comunicación marroquíes, por tanto, se han centrado estos días más en cubrir las últimas noticias sobre la formación del Gobierno que en azuzar el malestar social por el viaje de Don Felipe y Doña Letizia. De hecho, el último día de la visita, este miércoles, mientras los Reyes se encontraban en Melilla, Mohamed VI recibió, por segunda vez en apenas unos días, a la jefa del Ejecutivo en el Palacio Real de Rabat para hablar, según publica la agencia oficial de noticias MAP, «de las diferentes etapas que ha superado el proceso» para conformar el Ejecutivo. Por ahora, el silencio oficial en Marruecos se mantiene; tampoco se han registrado protestas en las fronteras, como sí ocurrió en 2007.
En el aire quedan, aun así, las advertencias de Mohamed VI, formuladas el pasado 9 de octubre en su discurso ante el Parlamento con motivo de la apertura del año legislativo, en el que avisó de que no aceptará «presión, amenaza ni chantaje» desde España. Las consecuencias del viaje de los Reyes aún pueden llegar y traducirse en un nuevo goteo de entradas irregulares o en medidas diplomáticas, como la llamada a consultas de la embajadora marroquí en España, entre otras.
También queda pendiente, como el propio monarca alauí adelantó, que su país presente un nuevo modelo de cooperación migratoria. Así, avanzó que ese documento contendrá «una visión estratégica, clara y práctica, que funda una nueva orientación destinada a consolidar el desarrollo compartido, la competitividad económica y la estabilidad regional». Muchos analistas ya temen que Rabat exija nuevas sumas de dinero a cambio de ejercer un control migratorio efectivo.