El radar multa incluso a los autobuses locales
Vándalos
«Multa hasta a los caracoles»: destrozan un polémico radar horas después de su instalación
Los vecinos no han dudado a la hora de tomarse la justicia por su mano con un equipo que pone multas incluso cuando pasan corriendo
No está muy claro quién terminará venciendo, si la guasa de los españoles o los radares de la DGT, pues últimamente las cosas están muy tensas entre ambos. Hace solo unas horas que corría como la pólvora en redes sociales una publicación en la que los vecinos de una localidad del País Vasco criticaban con saña la puesta en funcionamiento de un nuevo radar.
El aparato está instalado en una cuesta abajo en Ulia, a las afueras de Donostia, el problema es que el radar está programado para sancionar a 30 kilómetros a la hora, lo que ha provocado que incluso los autobuses de transporte público lo hagan saltar cada vez que pasan.
Salta con las bicis
Hace unas semanas los vecinos llegaban incluso a correr delante del radar para hacerlo saltar, una competición que animaba sus noches de verano.
El radar salta con mirarlo...
Pero ahora parece que las cosas han ido a mayores y algunos vecinos han decidido tomarse la justicia por su mano y han pintado las cámaras del radar con spray negro, con lo que el equipo ha quedado completamente inutilizado y pueden circular con tranquilidad hasta que el ayuntamiento lo repare.
Pintura negra
Los ayuntamientos saben perfectamente la rentabilidad de este tipo de equipos, tanto que algunas empresas se ofrecen para ponerlos, mantenerlos e incluso tramitar las multas a cambio de un tanto por ciento de las sanciones que ponen cada día, un método que cada vez usan más ayuntamientos para controlar la velocidad en sus calles y recaudar fondos.
Imagen del radar destrozado
En este caso, un radar tarado a 30 kilómetros/hora se traduce en decenas de sancionados cada día por un simple descuido, pues en una cuesta abajo es necesario frenar para mantener esa velocidad en el coche.
Ahora que se acercan elecciones municipales es el momento elegido por muchas corporaciones para levantar el pie del acelerador y ser algo más permisivos con sus vecinos en materia de multas.