La mayor parte de los coches chinos siguen llegando a Europa en barco
Industria
La Unión Europea sonroja a España por facilitar la implantación de las marcas chinas de coches
De acuerdo con Bruselas, las ensambladoras de coches de Ebro en Barcelona y Santana en Linares son un mal precedente desde un punto de vista laboral y económico
La Unión Europea está jugando un papel difícil de entender en torno a la industria del automóvil del Viejo Continente, por un lado hace ya años que Bruselas ha apostado descaradamente por el coche eléctrico, una tecnología en la que China es líder mundial, pero por el otro no ve con buenos ojos la llegada de las marcas chinas al continente.
Algo difícil de entender si tenemos en cuenta que el 90 % de la producción mundial de baterías para coches eléctricos está en manos de China y que Europa a día de hoy es incapaz de producir baterías a escala industrial, pues de hecho la gran apuesta europea en este terreno, la fábrica Northvolt de Suecia, quebró hace ya casi un año.
El automóvil en manos chinas
Una reflexión que debería haber hecho antes de ningunear a la industria automovilística europea tradicional, basada en los motores de combustión, y apostar por el coche eléctrico, una decisión que ha dejado el sector a los pies de los caballos chinos.
Ebro ha generado ya unos 1.000 puestos de trabajo en la planta de Zona Franca
Desde del desembarco de MG en 2020 España tiene un papel protagonista en la llegada de las principales marcas chinas al Viejo Continente, de hecho podríamos decir que se ha convertido en el ariete automovilístico chino en su asalto a Europa, un papel que Bruselas ha criticado recientemente por segunda vez en menos de un mes.
Bruselas critica a España
Bruselas no critica el modelo de gestión comercial de los fabricantes chinos en España basado en una estructura de concesionarios tradicionales, con el que por ejemplo MG, perteneciente al grupo Saic, ya habría generado más de 1.500 puestos de trabajo en España pese a no producir aquí un solo coche, lo que Europa no ve con buenos ojos son las nuevas ensambladoras de automóviles que se han puesto en funcionamiento bajo la denominación de fábricas.
En concreto Bruselas se refiere al modelo productivo denominado DKD (Direct Knock Down) en el que los coches vienen desmontados en contenedores y las ‘fábricas’ en territorio español se limitan a ensamblar estos coches que llegan desmontados.
Con el modelo DKD los coches llegan a medio montar
Un sistema productivo que tal y como explica el responsable europeo de estrategia industrial, Sejorune, no genera riqueza local, pues «estas fábricas ensamblan coches chinos con componentes chinos y trabajadores chinos», en referencia a las fábricas de Santana en Linares y Ebro en Zona Franca.
Mil empleos en Zona Franca
Une verdad a medias si tenemos en cuenta que la planta de Ebro en Zona Franca, donde también se van a ensamblar vehículos de las marcas Omoda y Jaecoo, tiene ya una plantilla de unos 1.000 trabajadores locales y los planes pasan por llegar a los 1.250 en 2026, lo que significa la recolocación de toda la plantilla de Nissan que se quedó en el paro con el cierre de la fábrica en 2021.
Es cierto que DKD no es el modelo productivo más adecuado desde el punto de vista la creación de riqueza, pero no olvidemos que los fabricantes chinos que operan en España y con ello en Europa están cumpliendo a rajatabla nuestro ordenamiento jurídico y pagando los aranceles que les ha pedido Europa.
Si existe un problema de ingenuidad en Europa no es tanto por parte de España al abrir las puertas a la implantación de los mayores gigantes chinos del automóvil como en Bruselas, donde se apostó por el coche eléctrico de manera precipitada y sin valorar bien las consecuencias de este salto al vacío.