Al dar marcha atrás hay que estar atento al oído
Práctico
Por qué tienes que preocuparte si los frenos de tu coche chirrían al dar marcha atrás
Se trata de uno de los trucos de mecánico menos conocido que permite darse cuenta en segundos de un problema importante
La llegada del coche eléctrico y la digitalización del automóvil apenas han afectado a uno de los componentes más importante de tu coche: los frenos.
Más allá del freno motor y de los recuperadores de energía, los frenos siguen basando su funcionamiento en unas pastillas o ferodos que logran reducir la velocidad del coche por rozamiento, frotando con mayor o menor intensidad contra los discos.
Problemas de frenos
Lógicamente las pastillas van desgastándose y reduciendo su grosor con el paso del tiempo, lo que obliga a reemplazarlas cada 50.000 kilómetros más o menos en función del tipo de conducción que realizamos. Hace unos años se introdujeron unos testigos metálicos en el interior de las pastillas que cuando afloran por desgaste de las mismas provocan un ruido molesto muy peculiar.
Las pastillas de freno muerden los discos y generan desgaste
El problema es que como las pastillas rozan siempre en el mismo sentido en ocasiones los testigos quedan cubiertos por restos de ferodo que se acumulan y los tapan. De esta formna solo suenan cuando circulamos marcha atrás y digamos que los discos giran a 'contrapelo'.
Fino de oído
Es por ello que en ocasiones solo escuchamos el peculiar chirrido metálico al frenar mientras vamos marcha atrás, señal inequívoca de que las pastillas están gastadas y necesitan reemplazo inmediato.
En algunos coches estos testigos tienen un sensor eléctrico que nos informa en el salpicadero del coche de que están gastadas mediante un testigo luminoso, un sistema más tecnológico y funcional que el tradicional chirrido de frenos.
Este testigo indica que estamos sin pastillas de freno
En cualquier caso cambiar unas pastillas de frenos puede suponer entre los 100 y los 500 euros en función del coche, pero es infinitamente más barato que cambiar los discos de freno, que terminan destrozados si frenamos con las pastillas gastadas, todo ello sin olvidar que pueden llegar a doblarse y partirse si usamos demasiado tiempo las pastillas gastadas, un problema mucho más grave que se soluciona cambiando las pastillas a su debido momento.