La imbecilidad de la derecha española
Tenemos una directora de la Guardia Civil que colabora con los delincuentes de la banda Leire y un ministro del Interior que es el principal aliado de los narcos. Mención especial a Óscar Sánchez, el exjefe de la UDEF que tenía 20 millones de euros emparedados en su casa y está procesado por delitos de tráfico de drogas
Cuando uno piensa –equivocadamente– que la derecha sociológica ya ha aprendido la lección de la PSOE, aparecen una vez más los sospechosos habituales para demostrarnos que no, que siguen igual de idiotas comiéndose las mismas jugadas una y otra vez. El último ejemplo lo tenemos con la decisión del juez Peinado de retirarle el pasaporte a Begoña Gómez. Un pasaporte, por cierto, que le había solicitado anteriormente y que la contable de prostíbulos para homosexuales no entregó.
El primer ataque viene a ser la comparativa con el caso de Zapatero. Algunos esgrimían el argumento de que retirar el pasaporte a Begoña Gómez no tiene sentido si a Zapatero no se lo han retirado. No, disculpe, lo que no tiene sentido no es que a Zapatero no le hayan retirado el pasaporte, sino que no esté ya en la cárcel. Cualquiera que estuviera acusado de organización criminal, tráfico de influencias, apropiación indebida, falsedad documental, blanqueo de capitales, contrabando y contra la Hacienda pública estaría ya durmiendo en la cárcel hace tiempo. Qué decir de sus siniestras hijas. Tres cuartas partes de lo mismo.
No faltaron los sindicatos policiales que se sumaron, junto a una larga lista de periodistas y politicastros, al linchamiento contra el juez Peinado. Tachaban de locura indefendible haber señalado que los escoltas de Begoña Gómez pudieran ayudarle a fugarse. ¡Como si no tuviéramos casos de personajes siniestros que pululan por la Policía Nacional y la Guardia Civil! Bastaría con recordar el caso Faisán –el chivatazo a los etarras para que no los detuvieran– que lo dieron miembros de la Policía Nacional. Sin olvidarnos de la mayor operación de la cloaca socialista: el 11M. Pero si algunos tienen la memoria corta, basta con contemplar el presente. Tenemos una directora de la Guardia Civil que colabora con los delincuentes de la banda Leire y un ministro del Interior que es el principal aliado de los narcos. Mención especial a Óscar Sánchez, el exjefe de la UDEF que tenía 20 millones de euros emparedados en su casa y está procesado por delitos de tráfico de drogas, blanqueo de capitales, cohecho y revelación de secretos. Pues algunos siguen manteniendo que es imposible que Begoña Gómez –la contable de los prostíbulos de papá– encuentre un par de policías corruptos para fugarse. ¡Ya hay que ser tonto!
El último argumento, para no alargarnos, viene a decir que ¿cómo se va a fugar la mujer del presidente del Gobierno? ¡Y lo dicen en junio de 2026! La pregunta más bien es por qué no lo haría llegado el caso. Sería una pérdida de tiempo tener que explicar la naturaleza de Pedro Sánchez, su mujer, su hermano, sus manos derechas, sus ministros, sus periodistas a sueldo, sus amiguetes colocados en las instituciones, sus diputados y sus votantes cuando llevamos más de ocho años de sanchismo. Lo sería porque el que no lo ha entendido ya, me temo, que no lo va a entender, pero el que sí lo ha entendido sabe perfectamente que si hay alguien capaz de fugarse es la mujer de Sánchez, Zapatero y la banda criminal que los acompaña en cada caso de corrupción. Eso es lo que la derecha sociológica de este país no quiere entender para seguir viviendo en una ficción.
Y es que la derecha española es y siempre será una perdedora con esa mentalidad propia de un acomplejado, una víctima que padece el síndrome de Estocolmo de la PSOE, un cobarde o de un imbécil, pues nadie que en 2026 siga jugando a la «normalidad» teniendo un gobierno criminal y mafioso debe ser tachado de otra forma.