El Papa retrata a la clase política
León XIV retrató a la perfección nuestra clase política actual que, sin duda, está muy alejada de buscar lo mejor para el pueblo y sólo piensa en sacar rédito político de cualquier cuestión. Conviene pues recuperar cuanto antes la idea del bien común y alejarse de postulados aberrantes como el interés general
Por primera vez un Papa se dirigía a los representantes de los españoles en la sede de la soberanía nacional. A grandes rasgos su discurso fue el propio de un Papa, pero si hay que rescatar algo de suma relevancia fue su referencia al bien común. Y es que el bien común ha sido eliminado del vocabulario político para ser sustituido por «el interés general». Puede parecer lo mismo, mas no lo es en absoluto.
Debemos recordar a Aristóteles y su clasificación de formas de gobierno posibles. Para el filósofo griego todo dependía de quién ostentaba el poder y, sobre todo, si gobernaban atendiendo al bien común o al interés particular. Así, el gobierno de uno solo podía ser una monarquía (buena) o una tiranía (mala); el gobierno de unos pocos podía ser una aristocracia (buena) o una oligarquía (mala); por último, el gobierno de muchos podía ser una politeia (buena) o una democracia (mala).
El caso español es el perfecto ejemplo de democracia, posteriormente rebautizada por el filósofo griego como demagogia. La mayoría de los españoles optaron por un gobierno del PSOE, Sumar, Podemos y secesionistas para gobernar la nación. Nadie puede decir que el gobierno que padecemos no tiene su origen en las urnas y es el resultado de una mayoría, exigua pero mayoría, de los españoles que acudieron a votar. A partir de ahí, las leyes aprobadas por el gobierno se han hecho recurriendo continuamente al concepto «bloque progresista» y recalcando que son mayoría y, por ende, aprueban leyes que siguen el interés general.
Ahora bien, ¿cuál es la diferencia sustancial entre bien común e interés general? El bien común, resumiendo para no alargarnos en exceso, es aquello que otorga un beneficio a los ciudadanos de una nación sin importar el porcentaje que esté a favor o en contra. El interés general, por el contrario, es utilizado por los gobernantes democráticos para justificar que una mayoría está a favor de una ley sin importar si esta es beneficiosa o perjudicial. Pongamos varios ejemplos: la inmensa mayoría de los españoles está a favor de reducir la jornada laboral, de subir el SMI, de aumentar los días de vacaciones, de revalorizar las pensiones, del aborto, del expolio fiscal, de la persecución al rico, etc. Todas estas ideas son nocivas para el conjunto de la sociedad, pero el Estado limita derechos privados –cuando no directamente derechos naturales como la vida– para imponer el anhelo de una mayoría.
De esta forma, bajo el paraguas del interés general y la mayoría, se cometen las mayores atrocidades e injusticias que uno puede imaginar. Cabe recordar que el bien o el mal no es una cuestión subjetiva. Ratzinger se encargó de denunciar el nihilismo como el gran mal de nuestro tiempo. Lo hizo con gran acierto, ya que, de ese nihilismo que no distingue lo que está bien y lo que está mal, sino que simplemente se queda en un concurso de popularidad nace el concepto del interés general. León XIV retrató a la perfección nuestra clase política actual que, sin duda, está muy alejada de buscar lo mejor para el pueblo y sólo piensa en sacar rédito político de cualquier cuestión. Conviene pues recuperar cuanto antes la idea del bien común y alejarse de postulados aberrantes como el interés general.