28 de noviembre de 2022

Desde la almenaAna Samboal

En busca de un líder

Si hasta la optimista y políticamente correcta Nadia Calviño admite que el otoño no pinta nada bien, pocas ilusiones podemos hacernos. La Airef, el Banco de España y los organismos internacionales han hecho el resto

El dinero es miedoso. Esa es una de las máximas de todo operador en mercados financieros: ante la duda, cerrar la posición, liquidez, aunque no rente, y esperar a que el horizonte se despeje para volver a invertir. Esa tensión contenida que se observa en los parqués, a la espera de la madre de todas las crisis, se respira también en despachos y hogares. Si hasta la optimista y políticamente correcta Nadia Calviño admite que el otoño no pinta nada bien, pocas ilusiones podemos hacernos. La Airef, el Banco de España y los organismos internacionales han hecho el resto.
El que ha podido, se ha ido de vacaciones. Tras dos años de tristeza y penurias, es el desahogo antes de entrar en la etapa de economía de guerra. El coste de la energía nos ha restado renta para gastar en otros bienes y servicios, que también son más caros, porque todas las empresas, en mayor o menor medida, han incrementado sus precios para incorporar en ellos el impacto del encarecimiento de la luz.
Y, si algo sobra, que no será mucho, lo guardaremos en el bolsillo hasta que escampe. La experiencia de 2008 es un grado. Recuerdan muchos empresarios del motor que hasta los funcionarios esperaban a cambiar de vehículo por si las circunstancias cambiaran. El daño que hizo Zapatero al recortar sus nóminas no fue solo económico. Con su caída del caballo –a la fuerza–, se llevó también por delante la confianza, un activo vital en cuestiones de finanzas.
En tiempos de crisis, las personas, los países buscan liderazgos que les muestren un mejor futuro y les conduzcan hasta él. Y no hay forma de encontrarlos. En Bruselas, miran ceñudos hacia Alemania, preocupados por un corte de suministro. Y hacen bien. Si en Berlín se resfrían, ya podemos buscar paracetamol y mantas. Pero no ven la sequía que apaga las turbinas de generación hidroeléctrica en el sur.
Sin embargo, lo que provoca verdadero pavor es lo que se traen entre manos en Madrid. La última ocurrencia: apagar las farolas. Confiados a los fondos europeos, que no saben distribuir, y a una efímera subida de la recaudación, que es pan para hoy y hambre para mañana, en Hacienda sólo saben cómo firmar cheques para redistribuir la miseria. Más allá de los célebres PERTES, que las medianas empresas todavía desconocen cómo acceder a ellos, no se conocen políticas para estimular la iniciativa, la creatividad, para impulsar el talento, para crear riqueza.
Si queda dinero en el bolsillo, después de pagar todas las facturas, se guardará a la espera de tiempos mejores. A la espera de personas capaces de generar no sólo confianza, también ilusión. Son muchas las expectativas que se han puesto en Alberto Núñez Feijóo. Y son muchos también los que temen que vuelva a ocurrir lo que en 2011. Se hicieron las reformas justas, pero el mandato de las urnas era mucho más ambicioso.
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