Multitud luminosa
Sería conveniente, por razones de espacio, que todas las enemigas de la mujer, las ultrafeministas huecas, las farsantes profesionales con cargo institucional, cedan sus asientos a los 42 miembros de esta familia excepcional, que nos devuelve —un poco, desde sus soledades—, la esperanza
Leyendo El Debate, el precioso trabajo de Paula Baena me ha emocionado. La Comunidad de Madrid ha premiado a una madre, con 15 hijos y 25 nietos, a los que habrá que añadir los dos que vienen en camino. Creo que el marido, padre y abuelo también tendría que haber sido premiado, pero al tratarse del día en el que las antimujeres celebran sus cachupinadas, la Comunidad de Madrid ha decidido premiar a la madre, y ha hecho muy bien. Tener, educar, mantener, vestir y sostener hoy en día a quince hijos, es una heroicidad. Y todos parecen felices y sonrientes, once varones y cuatro mujeres. En los decenios de los cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo, diez hijos eran muchos, pero no se interpretaba como una prole pasmosa. Se concedían premios de natalidad, y casi todos los años lo ganaba la familia del estupendo periodista Chuchi Fragoso del Toro, que lo recibía personalmente junto a su mujer —la heroína, madre de una veintena de hijos—, de manos del entonces Jefe del Estado. —Un año más para ustedes, señores de Fragoso—; —sí, Excelencia. Con sólo mirarla, la dejo embarazada—. Mis padres tuvieron diez hijos, pero no destacábamos. En el colegio de Nuestra Señora del Pilar de —Castelló, María Jamardo—, las familias de ocho a doce hijos eran habituales. Y ni Opus Dei ni vainas. En mis tertulias vespertinas con mis amigos montañeses, destaca Toño, el de Rioturbio, que tuvo veinte hermanos. Fue una época en la que España se llenó de nuevo de españoles, a pesar de sus dificultades económicas, la cercanía de una guerra civil, la industria por los suelos, pluriempleos, más trabajo, mayor rigor en el gasto público, Seguridad Social, y las putitas recibiendo en sus lupanares y no en los ministerios.
Paloma Carmona González, que así se llama la madre de quince hijos y abuela de 25 nietos es una mujer guapa y que ha creado —siempre en colaboración con su marido—, una familia fabulosa. «Nunca nos planteamos el número de hijos. Pensamos que lo que viniera del cielo sería bueno para nosotros». Viven en Rivas Vaciamadrid, y apenas llaman la atención y el interés de su alcaldesa, la comunista Aida Castillejo, que ha votado a favor de una tal Inés Hernand, de la que dicen que es presentadora. Presentadora de no sabe qué, pero presentadora al fin y al cabo.
Paloma Carmona y los suyos las pasaron canutas en más de una ocasión. «Alguna vez acudimos a Cáritas. Otra vez pedimos, no recuerdo dónde —se acuerda y lo oculta porque se trata de una mujer generosa que sabe perdonar—, y recuerdo que mi marido volvió sin nada, porque daban antes a los extranjeros que a nosotros. Ha habido veces que nos hemos sentido así… y además, nunca hemos entrado en lo que te dan dinero por un hijo. Nunca he entrado. Lo importante «es que no nos ha faltado de nada y hemos comido todos los días».
Son creyentes y han dado siempre testimonio de una fe compacta y creciente. «De todas hemos salido». Isabel Ayuso ha invitado a toda la familia a la celebración que tendrá lugar en la Real Casa de Correos el 8 de marzo. Sería conveniente, por razones de espacio, que todas las enemigas de la mujer, las ultrafeministas huecas, las farsantes profesionales con cargo institucional, cedan sus asientos a los 42 miembros de esta familia excepcional, que nos devuelve —un poco, desde sus soledades—, la esperanza. Porque a esos 42 familiares directos, padres, hijos y nietos, hay que añadir a los yernos y nueras, y lo justo sería que ocuparan todo el salón de actos, y no obligaran a las vinagres a soportar la lección de sus presencias.
Es de esperar que no tengan mascotas, como ahora se dice. Bueno, que tengan lo que quieran, que se lo han ganado a pulso.
Y buena memoria para no olvidar el nombre de ninguno.
Feliz día de la mujer de verdad. Multitud luminosa.