¿Salvará Montoro a Cara Delgá?
Sánchez confía en tapar lo suyo con los casos de las etapas de Aznar y Rajoy, pero el chorro de lodo del PSOE ya es imparable una vez abiertas las compuertas
Digamos que el siempre agradable Mariano no se ganaría la vida como director de recursos humanos. Calar al personal no era su punto fuerte. Siendo benignos, se podría atribuir a su bondad natural el hecho de no se hubiese percatado de que había metido en su Gobierno a tíos que cantaban a leguas. Siendo malignos…
Bastaba estar un rato con aquel singular ministro del Interior que tenía Rajoy para percibir que era un personaje demasiado estrafalario para el delicado cargo que ocupaba. Hoy está bajo la lupa de la justicia por la chapuza impresentable del llamado caso Kitchen. En cuanto a su ministro de Hacienda de inquietante risita conejil, el catedrático Cristóbal Montoro, era un secreto a voces que su empresa Equipo Económico, de la que se había apartado formalmente al llegar al Gobierno, se beneficiaba de su cargo para sus negocios. Bueno, en realidad no era secreto alguno, pues ABC lo contó en la etapa de Bieito Rubido (demostrando así que la prensa de derechas era capaz de desnudar vergüenzas de sus afines, como es su deber, algo que jamás hará la de izquierdas).
Además de sus negocios raros, léase turbios, Montoro hizo algo más, que debería haberle costado el cargo al instante: amenazar desde sede parlamentaria con el fisco a los periodistas que osaban criticarle. De hecho cumplió su amenaza y lanzó una barrida de inspecciones que dejó tiritando los bolsillos de muchos tertulianos.
Montoro ha sido ahora imputado, con notable retraso, y el sanchismo ve el cielo abierto. Hace unas semanas, Sánchez amenazó en el Congreso al PP con que «a la vuelta del verano» sufriría con novedades en varios de los casos que arrastra. Es curioso, el presidente que asegura que se enteró de que existía un informe de la UCO sobre Cerdán el mismo día en que se divulgó, resulta que sí posee información privilegiada de los marrones judiciales que esperan al PP en otoño, que el PSOE ve como su tabla de salvación.
El PSOE va a disponer de buena munición. Y la sabrá explotar, como ya han demostrado esta semana con los maratones televisivos sobre la petición de cárcel para Amador y la imputación de Montoro. Además, llegará un juicio oral de la Gürtel y continuará la andadura de la operación Kitchen. Con todo eso repetirán hasta la saciedad el siguiente mantra a través del cañón de sus televisiones: aquí el auténtico corrupto es el PP. La esperanza de Sánchez es que la resaca de aquellos casos del aznarismo y el rajoysmo le permita tapar lo suyo, imponiendo entre el gran público la idea de «al final todos los iguales», ergo, «no pasa na».
El gran timonel progresista está muy desmejorado: flaco, ojeroso y desabrido. Se le ha quedado «la cara delgá dejándose la piel por España», según resumió la simpar Marisu de Triana en un mitin. Pero Cara Delgá no ha adelgazado por su ímproba labor de gobierno, que ahora mismo es ninguna, toda vez que el Ejecutivo está paralizado y sin presupuestos. El adelgazamiento exprés se debe a tres motivos: las encuestas van fatal, la imagen internacional se le ha apolillado por completo y, sobre todo, siente un pánico de insomnio a lo que pueda salir de la grabadora de Koldo y de otros papeles.
Su problema estriba en que de ese embolado no lo van a salvar las muy posibles golfadas de Montoro. El problema de Sánchez es que la espita de la roña del PSOE ya se ha abierto y no tiene vuelta atrás. Esto es como lo de la pasta de dientes: una vez que ha salido del tubo es imposible volver a meterla dentro.