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En España, excepto para los pelotas como Almodóvar, no existe oficialmente la figura de la Primera Dama. Franco se lo comunicó a su mujer, doña Carmen Polo. «Carmen, tú eres la esposa del jefe del Estado, y nada más». De existir la Primera Dama, sería la Reina, pero entre Primera Dama y Reina de España se establece la misma distancia que entre Mercadona y Ultramarinos El Goloso, a punto de cerrar sus puertas. Por otra parte, la voz Dama, que en mi opinión ha caído en el barro rosa de la cursilería, es acepción en desuso. Y más en desuso cuando la presumible Primera Dama se ha dedicado a la administración y pagaduría de putorris y culiesponjis durante muchos años. Y tampoco es diplomática y embajadora. Su pasaporte diplomático es, como mucho, igual de auténtico que el carné de Directora General Adjunta de la Asociación «Salvemos los Koalas de Murcia», porque no hay koalas en Murcia ni en lugar alguno de nuestra piel de toro. Es decir, que lo de esta mujer es una farsa, un chiste mal contado y un abuso de poder de nueva rica. Que lo es. Nueva y rica.

El pasaporte diplomático se restringe a los diplomáticos. El General Franco mantuvo esta distinción a los Grandes de España, y el Rey Juan Carlos terminó con el privilegio. Y esta mujer no es diplomática, y menos aún embajadora. Sí en cambio los ministros, que en el período de su condición tienen pleno derecho a su custodia. Pero Begoña Gómez ha demostrado con creces que hay un pasaporte diplomático extraviado por los pinares de la Moncloa que no pertenece a quien dice pertenecer.

Usar del dinero y los bienes públicos sólo le está permitido si, por cuestiones de compromisos, el presidente decide viajar acompañado de su esposa. Antonio Naranjo lo escribe con toda claridad y conocimiento. Pero usar y abusar de los Falcon y los Puma para ir a conciertos, bodas de hermano, saltos a los Quintos de Mora, Doñana con el avión repleto de gorrones y La Mareta como si ella fuera la propietaria, es una desfachatez. Sin contar los viajecitos a Londres para hacer compritas, compras y comprazas. Y menos mal que el Ejército del Aire se negó a bautizar el Falcon de más uso «Air Force One», y al aparato sustituto «Air Force Two». En ese sentido, hay que reconocer que Sánchez no insistió y dio una muestra de encomiable sencillez.

El primer paso ya se ha cumplido. Cerdán y Begoña han desaparecido de las fotografías que conmemoraban la tramposa victoria de las últimas elecciones. No salir en la foto es malo, pero que te borren de la foto, es mucho peor. Esta mujer ya no está de moda ni entre sus compañeras de gritos ni en el PSOE. Y no ha salido nada todavía. Para mí, que se va a someter a una operación facial para parecerse a Javier Hidalgo, esa belleza de hombre. La aparición de dos Hidalgo en el juicio puede resultar tan escandalosa como divertida. O que Hidalgo se ponga el rostro de Begoña, y pueda acceder al colchón de Sánchez durante una noche, porque no se entera de nada.

Ni Primera, ni dama, ni diplomática.

Una chunga.