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Unas líneasEduardo de Rivas

No les gustan los jueces y tampoco la gente

Si huyen de las urnas, cómo van a tener la más mínima intención de que la plebe resuelva sobre si la mujer del presidente es culpable o inocente

Se empieza a ver la luz al final del laberinto judicial que envuelve al entorno del presidente del Gobierno. El caso del fiscal general apunta a tener resolución para noviembre, el banquillo del hermano ya ha tenido la confirmación de la Audiencia Provincial de Badajoz, y el asunto de la mujer lo determinará un jurado popular, una idea que a la izquierda tampoco le gusta.

Llevamos meses (si no más de un año) aguantando las quejas continuas del Gobierno sobre los jueces, a los que han acusado de prevaricadores, de querer hacer política desde el estrado y de mil cosas más. Nos ha quedado más que claro que el Ejecutivo no está conforme con las causas abiertas relacionadas con el Líder, porque todo lo que ha salido a la luz sobre su entorno son bulos, patrañas y artimañas con la única intención de menoscabar la imagen de Pedro Sánchez. Pero ahora resulta que tampoco gusta la idea de que el futuro de Begoña Gómez quede en manos de un jurado popular formado por nueve personas elegidas por sorteo. No quieren jueces, pero tampoco quieren que decidan los ciudadanos. Aunque hay que entenderlo. Si huyen de las urnas, cómo van a tener la más mínima intención de que la plebe resuelva sobre si la mujer del presidente es culpable o inocente.

El jurado popular es una vieja reivindicación de la izquierda. Por tanto, está bien si les conviene y es criticable si le toca resolver algo relacionado con ellos. La doble moral a la que nos tienen acostumbrados. Pero, como yo no soy como ellos, reconoceré que a mí no me gusta. Ni para decidir sobre Begoña Gómez ni para hacerlo sobre Ana Julia Quezada. Considero que, en el año 2025, con la sobreinformación que tenemos de absolutamente todo, es imposible encontrar a nueve personas imparciales que puedan emitir un juicio válido. Cada uno de ellos sabe perfectamente quién es Pedro Sánchez, sabe si le cae bien o mal y sabe si le ha votado o si está deseando que se vaya de Moncloa, aspectos francamente difíciles de dejar a un lado antes de ir al juzgado.

Ahora bien, lo que marca la ley es que el delito por el que el juez Peinado pretende juzgar a Begoña Gómez se tiene que dirimir ante un jurado popular. Si no les gusta la ley, que la cambien para el futuro, pero no vale decir que las reglas no valen una vez que el partido se ha empezado a jugar. En el momento en el que el juez decidió crear una pieza separada, el abogado debió avisar a su clienta de lo que suponía. Y podría haber recurrido, cosa que no hizo. Ahora les toca asumirlo, aunque intentarán recurrir. Pero pueden estar tranquilos, porque si lo que quieren es que sea un juez el que juzgue a Begoña, todavía quedan más causas abiertas por las que la mujer del presidente puede acabar en un banquillo sin un jurado popular.