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DivisaderoAntonio Pérez Henares

El dios Cambio Climático

No se sabe si nos achicharraremos o nos congelaremos, moriremos de sed o ahogados, pero una de las dos o las dos cosas al tiempo, nos pasa seguro. Y será por nuestra culpa, nuestra grandísima culpa por no seguir la dieta de tofu y no ser renovables ni sostenibles

En la cada vez más descreída Europa Cristiana, donde el Corán es quien se extiende a gran velocidad el dios sustitutivo es el Cambio Climático y sus sumos sacerdotes, sus profetas.

Es una divinidad con todos los apósitos, doctrinario y talante impositivo del monoteismo más férreo y arcaico. Es la verdad absoluta y sus inquisidores no toleran al respecto objeción, duda, y ya no digamos negación, alguna. Sambenito al cuello y a la hoguera de cabeza.

Las desgracias que nos asaltan son «su» castigo, pero no porque Él sea cruel y perverso, sino por nuestros pecados. Somos nosotros quienes los provocamos por no seguir seguir sus preceptos y conculcar los mandamientos que el Supremo Sanedrín Ecologista nos ha trasladado para su obligado cumplimiento.

Los diluvios, danas y riadas atroces, las calorinas feroces pintadas de rojo de satánica caldera de Pedro Botero, las heladoras «filomenas», las sequías pertinaces, los abrasadores y terroríficos incendios son las plagas de esta nueva, y mas vieja en el fondo que el hilo negro, Biblia Progresista. Y nuestras desdichas, como siempre desde el Neolítico, merecidas y por entero culpa nuestra por «infieles».

Esto es lo que hay y no se les ocurra siquiera el susurrar un pero y aún menos levantar un dedo cuestionándolo. La condena caerá sobre el hereje de inmediato y el reo será arrojado a las tinieblas exteriores y como inmundo apestado, el leproso de antaño, deberá ser tratado.

Ah! Y no crean que vale confesión, ni arrepentimiento ni sumisión rodillera El pecado indeleble quedara para siempre grabado en la picota y celosamente guardado en la «nube». Listo para ser sacado cuando sea preciso y como eterna mácula y estigma para quien se atrevió a cuestionar, aunque fuera solo en un instante de debilidad, la única y exclusiva «religión verdadera».

No se sabe si nos achicharraremos o nos congelaremos, moriremos de sed o ahogados, pero una de las dos o las dos cosas al tiempo, nos pasa seguro. Y será por nuestra culpa, nuestra grandísima culpa por no seguir la dieta de tofu y no ser renovables ni sostenibles.