Cloacas
¿Qué más hace falta ver para que un presidente 'okupa' pague el precio de su complicidad con tantas vergüenzas acumuladas?
La difusión del contenido exacto de la reunión entre el fiscal Stampa y los delegados del PSOE en su departamento de cloacas ofrece un retrato único, irrefutable y escandaloso de la catadura del personaje para el que trabajaban, con su conocimiento por acción u omisión, que no es otro que Pedro Sánchez.
En un tribunal, a las certezas hay que añadirles las pruebas exactas que encajen en un delito tipificado y, si quieren extenderse las responsabilidades, las que demuestren la complicidad y liderazgo de un tercero al mando de las acciones enjuiciadas.
Por eso, aunque casi todo el mundo tiene la convicción absoluta que todas las barbaridades que perpetró el fiscal general del Estado tenían como beneficiario a Pedro Sánchez y por objetivo a Isabel Díaz Ayuso, el borrado de sus dispositivos por parte de García Ortiz, cuando ya estaba imputado y la Guardia Civil llamaba a su puerta por orden del juez dificulta sentar en el mismo banquillo a La Moncloa.
Sabemos que este triste y obediente funcionario, nombrado al margen de sus méritos para encargarse precisamente de trabajos tan sucios, reunió excitado toda la información relativa a González Amador. Sabemos también que ese expediente terminó en el departamento del hoy ministro Óscar López, entonces al frente del Gabinete de Presidencia. Y sabemos, por último, que su mano derecha, Pilar Sánchez Acera, filtró esa misma información a su representante en la Asamblea de Madrid.
Pero, la eliminación de la probable cadena de mensajes entre García Ortiz y Moncloa impide elevar el tiro y demuestra que esa operación, más propia de un camello que de un servidor público, puede incriminarle definitivamente a él, pero salvará penalmente a sus superiores, por mucho que todo sea blanco y en botella.
Lo mismo puede decirse de la llamada 'cloaca', cuya extensión y profundidad la convierte, en realidad, en un complejo sistema de cañerías, sentinas, vertederos y plantas de reciclaje de residuos tóxicos derivados del trabajo en equipo de un siniestro equipo de abogados encabezado por Javier Pérez Dolset y de una horrible militante del PSOE dirigida por Santos Cerdán, la tal Leire Díez.
Que la susodicha lograra reunirse con todo el mundo y que, a la vez, fuera designada para el Gobierno en cargos muy bien remunerados para los que no tenía capacidad alguna, ya demuestra una complicidad obscena. Si no era nadie, más allá de una delirante Pequeña Nicolás, con delirios de grandeza, y no actuaba en nombre de nadie, ¿por qué los beneficiarios de sus chantajes, extorsiones y montajes contra todo aquello que molesta a Pedro Sánchez la enchufaron en Correos o en Enusa?
Sí, para acusar o condenar a nadie hace falta algo más que exponer de manera organizada una sucesión de hechos e hilar con ellas una historia lógica, y eso es lo que puede librar a los tutores de la cloaca socialista y la alcantarilla del fiscal de poner a la vera de sus protegidos frente a un pelotón de jueces de élite de los que cabe esperar que no les tiemblen las piernas.
Pero, ante la ciudadanía, la condena en términos políticos, sociales y públicos ya es total y coral: tenemos al frente del Gobierno a un tipo incapaz de desmentir que su suegro proxeneta le financió las Primarias del PSOE y que nombró, para hacerle trabajitos, a dos manos derechas como Ábalos y Cerdán, epicentro de todas las tramas de corrupción que mezclan mordidas, adjudicaciones a dedo, sexo, enchufes y extorsiones a los contrapesos democráticos del Estado.
¿Qué más hace falta? A la condición recuperada de 'okupa' de Sánchez, pues en eso se convierte alguien incapaz de convocar elecciones cuando carece de mayoría parlamentaria y las dos únicas opciones son devolverle la decisión al pueblo o atrincherarse en el poder y él elige la segunda; se le añade la de jefe moral y ya veremos si también operativo de una Mafia que, desde las penumbras del Estado, utilizaba sus poderes para cerrar bocas y taparlo todo.
Tener un presidente ilegítimo ya es una tragedia, pero que además sea un capo rodeado de esbirros dispuestos a lo que haga falta eleva el perfil de Sánchez a la categoría de peligro público: más que un debate parlamentario, el líder del PSOE necesita un careo con la UCO y una visita al Tribunal Supremo. Con urgencia.