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El astrolabioBieito Rubido

El niño para cuándo

España necesita que los españoles tengan hijos. El relevo generacional no podemos dejarlo exclusivamente en manos de extranjeros y menos, digámoslo, con toda claridad, en los vientres de las mujeres musulmanas

La escena la vivo todas las mañanas, a eso de las ocho, camino del trabajo. En una céntrica calle de Madrid, salen de un portal de un confortable edificio una pareja, probablemente matrimonio, de apenas 30 años. Ambos visten bien, diría que muy bien. Portan bolso y mochila de marca y el hombre lleva atado con una correa un perro de raza collie blanco y negro. Parecen profesionales de éxito que acuden a su trabajo. En dirección contraria se cruzan varios padres que llevan a sus hijos a un colegio. En Madrid, en cualquier calle o cualquier esquina siempre hay un colegio. Lo que no está nada mal. Mientras los acompaño a unos metros de distancia me hago preguntas sobre esa pareja. Es un ejercicio habitual entre nosotros el imaginarnos la vida de los ajenos. La duda que me asalta es si tienen hijos, si los van a tener o si finalmente van a preferir al collie a tener su propia descendencia. En Madrid ya hay más perros que niños. Por eso me siento tentado a preguntarles, dada la edad que representan, para cuándo la decisión de tener un hijo.

España necesita que los españoles tengan hijos. El relevo generacional no podemos dejarlo exclusivamente en manos de extranjeros y menos, digámoslo, con toda claridad, en los vientres de las mujeres musulmanas. No es xenofobia, es sencillamente la constatación de que la decadencia de Occidente viene justamente por ahí. La supuesta comodidad de las jóvenes parejas españolas nos aboca a una sociedad indeseable. En España hay más de treinta millones de mascotas. Los perros que habitan en hogares rondan los diez millones. Son datos de 2024. Pero es que hay todavía más: los españoles cuidamos de 5,8 millones de gatos, 7,8 millones de peces o animales en acuarios, cinco millones de pájaros o aves, 1,4 millones de reptiles y un millón y medio de pequeños mamíferos. De todo, menos hijos. Estamos a la cola de natalidad de Europa.

Tener hijos es la mayor aventura del ser humano. Es la huella que dejamos y es la forma de quedar vivos después de muertos. Sustituir a un hijo por un perro no deja de ser un pequeño fracaso de nosotros mismos. Puedo entender quien combate la soledad con una mascota. La soledad es otra de las plagas de nuestro tiempo. Nada que objetar. Pero nunca entenderé a esas jóvenes parejas que renuncian a tener hijos y los sustituyen por animales de compañía.

El negocio de las mascotas es notable. Solo en España nos gastamos cada año algo más de tres mil millones de euros en sus cuidados. Una media de 1.300 euros por mascota. Lo chocante es que estos apasionados por el animalismo son los que después no se detienen en el terrible efecto de la sobrepoblación de jabalís, que arrastran todo tipo de enfermedades, como ahora la gripe aviar o antes la porcina. Por no hablar del empeño en querer un mundo sostenible, mientras en Europa gastamos más de dos millones de toneladas de arena blanca para gatos, que se extrae principalmente de una mina turca.

Yo creo en la libertad. No me voy a entrometer en la vida privada de las personas ni en sus decisiones a la hora de tener o no hijos, de cuidar o no de una mascota. Soy, además, un ciudadano de mi tiempo y como testigo del mismo, me inquieta la baja natalidad de nuestro país. Por muchas razones y no son las económicas las más reseñables. Son, sobre todo, las culturales y las morales, incluso las religiosas. No podemos ser un mundo que idolatra a los animales y desprecia al género humano, hasta el punto de perpetrar cada año solo en España más de cien mil abortos.

Mañana me atreveré, le preguntaré a mis jóvenes vecinos, cuando salgan por la mañana a dejar a su collie en la guardería de perros, para cuándo tienen previsto tener un hijo. Sé que será una gran bendición para ellos.