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en el recuerdoAlfonso Ussía

Cacareo

No repondrá al coronel en su anterior destino hasta que su recurso vea la luz. Pero da igual. Es ya una figura descompuesta, que ha mentido, que ha usado de su poder para salpicar de mugre un honor de siglos, y ha sido duramente descalificado por la Justicia

De nuevo cacareos en el Ministerio del Interior. Suspiros, sofocos, convulsiones, gritos.

– Ay, ay, ay, que éste Pérez de los Cobos me quiere matar a disgustos. Qué enojo, que amargura. ¡Pues no! No dimito, Hale, hale, hale. Que se chinche. Chincha rabia. Nones, nones, nones!.

Nadie se atreve a entrar en su despacho.

–¡Que nadie me moleste y me irrite! ¿Qué he hecho yo para merecer este suplicio? Sí, tila. Voy a pedir una taza de tila tilona, porque me a dar algo. Ay, qué patatús, qué patatús patatusón!

Termina de leer la sentencia. Él, que ha redactado y firmado centenares de ellas a lo largo de su vida, se siente humillado. La sentencia describe la injusticia, la prevaricación, la venganza, y el despropósito. Son 72 folios. Cada página empequeñece al ministro y agiganta al coronel, al guardia civil, al servidor honesto cuya divisa es su honor. La Justicia le afea que haya destituido a un coronel de la Guardia Civil por cumplir escrupulosamente con la Ley. Semanas atrás dobló su venganza impidiendo, por enemistad caprichosona, el ascenso a general de don Diego Pérez de los Cobos. Otro gran coronel de la Guardia Civil, don Manuel Sánchez Corbí, también padeció de su injusticia histérica. Leída la sentencia, algunos de sus compañeros en ese gobierno antiespañol y gamberro, gobierno de vagos y botarates, han reconocido que Marlasca está obligado a dimitir. Pero Pedro, Su Majestad Social Yo Mi persona, le ha llamado desde Doñana.

–¡Aguanta, Marlascón, que estoy contigo! Y si te sientes acosado y agobiado, te mando un 'Puma' del Ejército del Aire, y te vienes con nosotros a La Marismilla, que lo estamos pasando bomba. No te olvides de las bragas náuticas, que la piscina está climatizada!

Y en este punto, al colgar el teléfono, las lágrimas a punto de cauce se desbordaron y dos ríos de emoción descendieron por sus magros carrillos. En estas circunstancias, no existe consuelo, alivio mayor, que el respaldo del Supremo Jefe.

Pero la gente es como es. Y casi todos los periódicos, los desagradecidos periódicos, y en casi la totalidad de los informativos de las cadenas de televisión, se pide su dimisión inmediata. Los de Bildu están con él. Termina de autorizar el acercamiento del más brutal asesino de la banda terrorista ETA. 'Txapote', es decir, Chapote, el que disparó en la nuca de un maniatado Miguel Ángel Blanco. El que disparó en la nuca, cuando tomaba el aperitivo en La Cepa de la parte vieja de San Sebastián a Gregorio Ordóñez. El que mató a Fernando Múgica Herzog, aquel honesto y valiente socialista guipuzcoano, cuando aún existían dirigentes socialistas honestos y valientes. Y ha coincidido su ósculo a Bildu con la sentencia que termina con todo su prestigio. Recurrirá. Podrá conseguir que los jueces de la Sala que examinará su recurso sean coaccionados por el Ministerio de Justicia y el PSOE, Podemos, Bildu, los partidarios del forajido fugado y los de la Izquierda Republicana. Y es posible que en un Estado que ha iniciado su camino para dejar de ser un Estado de derecho, su recurso prospere.

Pero esta sentencia no la borrará nadie. El coronel Pérez de los Cobos fue cesado como Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid por cumplir con la legalidad. «El actuar discrecional no puede ser un medio para atentar contra la legalidad o menoscabar la legalidad a la que todos, en definitiva, estamos sujetos». La sentencia le dice, de manera muy contundente y educada, que abundan en su proceder claros indicios de prevaricación.

No repondrá al coronel en su anterior destino hasta que su recurso vea la luz. Pero da igual. Es ya una figura descompuesta, que ha mentido, que ha usado de su poder para salpicar de mugre un honor de siglos, y ha sido duramente descalificado por la Justicia. Mientras tanto, el asesino 'Chapote' ha sido acercado a las provincias vascas junto a su novia o pareja, también terrorista condenada.

Lo que pueda quedarle de dignidad a Marlasca está en sus manos. Y él lo sabe. Empecinarse en el grave error cometido es propio de la soberbia que ha terminado con su antiguo paisaje de juez. Si a Marlasca la inteligencia le permite traspasar su coraza de vanidad y prepotencia, no le pueden quedar más que pocas horas en el Ministerio del Interior, esa jaula de grillos desde que ocupó el despacho de, entre otros, Alfredo Pérez Rubalcaba, un socialista decente.

Se tiene que ir y no se ha ido. Pero dentro o fuera del ministerio y del gobierno, se ha marchado marcado para siempre. Llegó de juez y se irá como piltrafa.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 3 de abril de 2021