Viceboutique, el bardo Manoliño y la «marea blanca»
Otro ejemplo de la manipulación de la izquierda: montaron un escándalo contra la Xunta por unos pellets y ahora la jueza archiva el caso y dice que no eran tóxicos
Vamos con la amena y reveladora historia de cuando Viceboutique Díaz, el poeta Manoliño y las televisiones del régimen intentaron montar un nuevo ‘Prestige’, que llamaron «la marea blanca», para intentar rascar algo en las elecciones gallegas de 2024 (esfuerzo infructuoso, pues el PP volvió a obtener mayoría absoluta y Yoli sumó otro cero patatero). Esta semana, el juzgado ha archivado el caso. Parábola perfecta de cómo opera la propaganda del «progresismo» regresivo.
Frente a las costas de Portugal y Galicia discurre una de las mayores autopistas navales del mundo, para lo bueno y lo malo. Como la seguridad absoluta no existe, y como el océano bate muy bravo en invierno, en ocasiones se producen accidentes y naufragios. El 8 de diciembre de 2023, el carguero Toconao recibió un fuerte golpe de mar a la altura de Viana do Castelo (norte de Portugal), que se llevó seis contenedores. Era un buque de la mayor naviera del mundo, la multinacional danesa Maersk. Entre la mercancía perdida había neumáticos, papel film y 26,3 toneladas de sacos de pellets, unas pequeñas bolitas plásticas. Una pena. Pero por desgracia son percances que se repiten por todo el planeta (la propia Maersk perdió 46 contenedores en la costa danesa a finales de aquel mismo mes).
Debido al curso de las corrientes oceánicas, a comienzos de enero de 2024 parte de los pellets llegaron a playas y rocas de Galicia, Asturias y Cantabria. Algo que todos lamentamos, porque es doloroso ver como se mancilla una naturaleza tan extraordinaria.
El litoral asturiano y cántabro no mereció atención. Pero resultó que en Galicia se iban a celebrar al mes siguiente las autonómicas, que pintaban mal para la izquierda. Con el accidente vieron una oportunidad. La posibilidad de montar otro ‘Prestige’, con el argumento de culpar a la Xunta de un accidente que había ocurrido en Portugal, amén de que las competencias marítimas eran del Gobierno central. De inmediato se lanzó una campaña política sobre una terrible «marea blanca» de contaminación, que fue espoleada por los medios del sanchismo.
El 12 de enero de 2024, Yolanda, nuestra Viceboutique, eligió un informal look de picnic playero (jersey verde, de diseño un poco ñoño, vaqueros y playeras) y se fue a una playa del Barbanza a hacerse fotos recogiendo pellets. Portaba Yoli un cedazo y componía ante las cámaras tal careto de tragedia griega que parecía Electra reencarnada. La acompañaban el salaz Íñigo Errejón –de cuyas andanzas la advirtieron sin que ella moviese un dedo– y su candidata a la Xunta, una tal Marta Lois (que obtuvo cero escaños, pero que tras ser rechazada estrepitosamente por los gallegos de carne y hueso ya ha sido premiada por la izquierda como decana de la Facultad de Políticas de Santiago, para que pueda seguir chupando del bote).
Yoli estaba indignada ante los horrores de la «marea blanca», aunque a duras penas encontró algún pellet en su batida playera televisada. Desde el arenal bramó contra «la Xunta del PP, que no sabe más que mentir, mentir y mentir».
Al día siguiente, el inefable Pravda ofreció un impactante reportaje de dos páginas titulado ‘26,2 toneladas de lágrimas’. Firmaba el poeta y periodista Manuel Rivas, gran escritor de cuentos, irregular novelista y reportero sensiblero. El entrañable Manoliño, promotor en su día del movimiento Nunca Mais contra el Prestige, hablaba en su reportaje del «potencial tóxico de los adictivos químicos» de las bolitas plásticas. El tono era estremecedor. ¡Pobre Galicia!: «Cada ola deja un reguero o rosario de lágrimas en la línea de la marea», escribía el bardo nacionalista. Qué horror. A mitad de reportaje tuve que ir a por un paquete de clínex. Por supuesto, Rivas denunciaba la vileza de una Xunta remolona, que solo había adoptado el nivel de alerta «tarde y a regañadientes».
Resumen de la versión de la izquierda: Galicia estaba llena de mierda tóxica por un accidente náutico, del que tenía la culpa la malvada Xunta pepera, que no lo había sabido evitar ni solventar.
¡Oh sorpresa! Esta semana, la jueza de Noya a la que le ha caído el asunto ha archivado las denuncias de Podemos y de grupos ecologistas-nacionalistas varios, porque no ve caso. Según la justicia, los estudios científicos «no revelan toxicidad o concentración de sustancias tóxicas en los pellets» y «la empresa cumplió los protocolos de carga». De propina, la resolución señala que «no se prevé un impacto significativo a medio o largo plazo», ni daños para la salud humana. Para escarnio final de Viceboutique, Manoliño y toda la compaña de la «marea blanca de lágrimas tóxicas», esta horrible juez, que supongo que como poco será simpatizante de la Gestapo, certifica que «no hay ningún daño en los ecosistemas gallegos».
Un repaso épico al alarmismo de la izquierda y el nacionalismo, que dañaron a Galicia y su sector pesquero al propagar el bulo histérico de que su litoral estaba gravemente contaminado.
Pero no esperen que el sensible poeta nacionalista-prisero escriba un texto envainándosela, o que Yoli pida disculpas por hacer daño a su tierra con su alarmismo irresponsable y su show playero. La izquierda y el nacionalismo siempre tienen la razón. Los que votan a quienes ganan una y otra vez las elecciones gallegas son solo unos fascistas irredentos y unos cipayos, que no forman parte del noble pueblo de «Galiza», en el que solo cabes si el progresismo xenófobo te concede el carnet de gallego bueno y generoso.