Ciudadanos de primera y de segunda
Se rebelan porque hay ciudadanos de primera y de segunda, en función del lugar donde vivan o porque hay políticos que se gastan su dinero en prostitutas mientras a ellos no les llega con su mísero sueldo para alquilar una casa
En un lugar preferente en la web de la Moncloa, con relevancia similar a la información acerca de las actividades del presidente del Gobierno o del Consejo de ministros, aparece una pestaña sobre la dana en Valencia. Recoge la información acerca de la actuación del Ejecutivo, las ayudas que han recibido los damnificados o la inversión posterior en la zona. No merece menos, muchas personas se dejaron la vida en esa tragedia. El drama en Adamuz, sin embargo, no merece la misma consideración. Y me dirán que la razón es que el accidente del tren es mucho más reciente. Quizá. Sin embargo, la primera actuación que se data en la página sobre la dana se registra menos de un mes después de que se produjera. Del choque de trenes han transcurrido más de treinta días.
Será casualidad, pero la sensación que provoca es que hay muertos de primera y muertos de segunda, en función de la utilidad política que tenga cada cual para quién los usa. Hasta ese punto ha llegado la perversión moral del debate público. Tampoco hay relevancia en la web del gobierno para una Constitución, la garantía de nuestros derechos y libertades, que celebra aniversario redondo. Ni siquiera para las sufridas y olvidadas víctimas del terrorismo. En vez de celebrar la democracia impulsando la investigación sobre aquellos atroces asesinatos, miran hacia otro lado mientras les abren de par en par las puertas de las cárceles.
Es tal la desconfianza que genera la habitual forma de proceder del Ejecutivo que un ejercicio de transparencia usual en cualquier democracia, como el de la desclasificación de los papeles del golpe de Estado del 23F, genere suspicacias y recelos. Ya no sabemos si lo ha hecho para impulsar la aprobación de su Ley de Secretos en el Congreso, para tapar los impresentables mensajes de Koldo, el juicio de las mascarillas, los asuntos y negocios propios de Begoña, el próximo juicio del hermano o para enviar un mensaje de advertencia a Felipe González. Tal vez haya de todo un poco. En todo caso, les será útil para seguir movilizando a los propios, alentando el miedo a unos jóvenes de ultraderecha, que, según ha leído del argumentario que le han colocado la portavoz Elma Saiz esta semana, cantan por la calle el Cara al sol. Habrán corroborado que moviliza a los afines, puesto que la mención a Franco ha sido siempre el precedente de una convocatoria electoral.
Cuesta creer que, a estas alturas de democracia, se emita un voto, sea a favor de uno u otro partido, por lo que vivieron nuestros padres o abuelos, por lo que ocurrió hace medio siglo. Quizá movilice a algún que otro nostálgico. Sin embargo, lo que mueve a los jóvenes contra este gobierno no es la dictadura o la república. Se rebelan porque hay ciudadanos de primera y de segunda, en función del lugar donde vivan o porque hay políticos que se gastan su dinero en prostitutas mientras a ellos no les llega con su mísero sueldo para alquilar una casa. No votan contra el gobierno porque sean de ultraderecha, lo hacen porque para ellos no hay futuro.