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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Esa piji-izquierda pro ayatolas

A Ione, Irene y Yoli les ha faltado tiempo para calificar a EE.UU. como «la mayor amenaza a la humanidad» y Pedro se apresta a pedir «diálogo» y «desescalada»

El mundo se divide entre los que consideran que descabezar las crueles dictaduras de Venezuela e Irán –y pronto Cuba– es positivo y aquellos que piensan que supone un «crimen contra la humanidad» y postulan una «vía de diálogo», que diría Zapatero, que al final solo ha servido para perpetuar durante décadas esas tiranías.

Don Pedro, Ione, Irene y Yolanda son de los segundos. Se enfurecen cuando Israel, el único país de la zona con valores similares a los nuestros, invade Gaza para defenderse ante un salvaje ataque del terrorismo fundamentalista (tras el que estuvo la mano larga de Irán). Pero no les suscita mayor crítica que una narcodictadura robe elecciones y provoque el exilio de siete millones de venezolanos. Ni que los cubanos soporten una pobreza tercermundista por la estupidez del comunismo. Ni que el asfixiante régimen del ayatolá Jamenei matase a unos 15.000 iraníes, la mayoría chavales, porque se atrevieron a protestar en la calle en diciembre contra los abusos de su siniestra dictadura de 37 años y la pésima situación económica.

La piji-izquierda que hoy nos gobierna, radicales afectos a los deleites burgueses, es pro burka, pro ayatolás y pro dictaduras comunistas (de China a Venezuela). Viven aferrados al más rancio antiamericanismo y su particular Gran Satán es, por supuesto, Donald Trump, un loco, un fascista y un asesino. A Ione, callada como una tumba cuando Jamenei masacraba a los estudiantes, le ha faltado tiempo para salir a decir tras el bombardeo de Irán que «Israel y Estados Unidos son la mayor amenaza para la humanidad». Su amiga Irene concuerda, proclama que «son los mayores criminales del planeta» y pide que España salga ya de la OTAN. Y hasta nuestra alicaída viceboutique se ha pronunciado en idénticos términos que sus enemigas íntimas.

La reacción de la señora de Iglesias Turrión era previsible, toda vez que el padre de sus hijos se sirvió de la financiación de la teocracia iraní para su programa Fort Apache. Allí a las tertulianas se les daba al llegar al plató un imperdible para que abrochasen sus escotes y no molestasen a los ayatolás con su impudicia. Preguntado Iglesias por tan turbios patrocinadores, despejó el bochorno con una frase resultona, vacua e inmoral: «A veces hay que cabalgar contradicciones». Desde luego el personaje cabalgaba bastantes. Como la de ir de defensor de los derechos de los homosexuales y cobrar al tiempo de una teocracia que a veces los colgaba de las grúas. O ir de feminista mientras recibía encantado la pasta de los que machacan a las mujeres (muy feminista también promocionando a dedazo puro a su mujer y mandando al gallinero del Congreso a la anterior titular de sus afectos, Tania, en cuando perdió su favor).

Y luego tenemos a Don Pedro, el demacrado santón que aboga por el diálogo con un régimen que ha espoleado a Hamas, Hezbolá y los hutíes, que ha patrocinado y promovido atentados terroristas, que tacha a Israel de cáncer y aboga por su exterminio, que ha cercenado las libertades de 93 millones de iraníes, que ha asesinado a miles y miles de disidentes, incluidas mujeres que cometieron el gravísimo delito de no ponerse el velo, y que con su rigorismo fundamentalista representa, en teoría, todo lo contrario del empalagoso ideario «progresista». Tampoco le preocupa nada que unos iluminados fanáticos, que como bien dice Trump «son el primer patrocinador mundial del terrorismo», pudiesen hacerse con la bomba atómica.

El envite de Trump, su segunda acción de guerra en solo dos meses, conlleva sus riesgos, porque puede agitar un avispero, y además es contradictorio con sus promesas a su parroquia MAGA de no acometer acciones militares en el extranjero. Además, China podría aprovechar el esfuerzo estadounidense en Irán para dar el jaque en Taiwán, toda vez que Estados Unidos no tendría pulso para dos campañas bélicas a la vez. Pero la alternativa a la actuación de Trump en Venezuela e Irán era hacer el Obama, encogerse de hombros mientras Rusia, Irán y China van ganando terreno y, con ellos, el tenebroso modelo político que representan.

Trump ha aplicado aquella máxima de Zuckerberg, «muévete rápido y rompe cosas», y su carácter impredecible ha desconcertado al club de los sátrapas, que desde luego son mucho menos felices desde su llegada (incluido el nuestro).