Chikilicuatre imparte clases de bel canto
Sánchez, hoy un paria internacional, está demasiado gastado y desacreditado para remontar con el viejo ‘No la Guerra’
En la era de los periódicos de papel, allá en el siglo XX, muchos gacetilleros y propietarios de rotativos tendían a sobrevalorar su influencia hasta lo risible. Tuve un editor en La Coruña que lanzaba grandes campañas periodísticas bramando ante sus directivos: «¡Se van a enterar en Madrid!», cuando su eco apenas superaba el término municipal. También más de una vez vi a sesudos columnista locales escribiendo advertencias de este pelaje: «Exigimos a Ronald Reagan, por primera y última vez, un inmediato cambio en sus políticas; de lo contrario, aténgase a las consecuencias». Por su puesto Reagan se pasaba varios días insomne en la Casa Blanca ante tan perentorias admoniciones... El difunto Fernando Ónega no se lo tomaba tan a pecho, y alguna vez que teníamos que pedirle un artículo sobre una nueva obsesión del dueño, nos respondía como un perfecto sofista de humor zumbón: «¿Lo queréis a favor o en contra?».
Me acordaba de esas hipérboles un poco cómicas al ver a nuestro narcisista en jefe en su alocución sin preguntas, fumándose el Parlamento a su estilo sátrapa para «exigir» a Trump que detenga de inmediato su ataque a la tiranía fundamentalista de los ayatolás. Era como ver a Cañita Brava, o Rodolfo Chikilicuatre, impartiendo lecciones de bel canto. Sánchez es hoy un paria en los altos escenarios occidentales y en casa se ha convertido en un político sin futuro. Pero igual estoy muy equivocado. Nada más acabar de hablar, uno de esos analistas prorégimen de universidades catalanas, que pontifican en plan plomo en el NODO de Intxaurrondo, se aprestaba a adularlo en los más cursis términos: «El presidente Sánchez ha ofrecido un liderazgo alternativo en el fondo y la forma, con unos mensajes muy potentes. La narrativa del ‘No a la Guerra’ conecta muchísimo». Intxaurrondo, vestida de corbata, la nueva prenda del «feminismo» sanchista, asentía extasiada.
En efecto, va a conectar… pero con la tropa de los Goya, con los abajofirmantes habituales, tipo Miguel Ríos, Ana Belén y Pepe Viyuela; con los votantes de izquierdas que tragan con todo para que no gobierne jamás la derecha, y con Almodóvar y otros divos de la izquierda Möet. La reedición del 'No a la Guerra' no le arreglará las elecciones. La suma de PP y Vox ha crecido tanto que resulta imposible darle la vuelta si no media lo impensable: un tecno-pucherazo (hablamos de un dirigente tan honesto que en su día ya intentó amañar una votación en Ferraz tras una cortina).
Sánchez ha metido a los españoles en un problema encabronando a Trump, pero no le servirá para arreglar el suyo. Esta misma semana, su hermano se ha visto forzado a reaparecer para recoger en el juzgado la citación para el juicio del Pedroenchufe, que comenzará en mayo y promete espectáculo, dado el talante surrealista del Maestro Azagra. Continuamos sin presupuestos y la semana pasada perdió otra votación relevante. Begoña le seguirá provocando síncopes y se conocerán nuevas golfadas de los trillizos: Ábalos, Koldo y Zapatero. Está todo tan deteriorado que uno de sus asesores de la Moncloa fue apartado por acoso sexual en las propias oficinas de Presidencia y han tenido que echar al jefe de la Policía Nacional bajo la acusación de que había abusado de una agente. En el extranjero lo ven ya como lo que es: un radical al que no se puede convocar cuando se va a hablar de algo un poco serio. Electoralmente, el PSOE se ha convertido en la máquina de perder elecciones –las próximas en Castilla y León– y los alcaldes están muy nerviosos, porque el pato laqueado puede chamuscarlos.
La propaganda televisiva del referente 'progresista' planetario no debe confundirnos. Le quedan solo unos meses en palacio, porque no se puede hacer peor –sobre todo por su imperdonable felonía con el separatismo– y porque en todo Occidente existe un fortísimo giro a la derecha.
Luego, cuando Feijóo llegue a la Moncloa, incendiarán la calle cada semana, como hacían hasta con el perro Excálibur. Sánchez tal vez incluso se quede en el PSOE, aplicando el Manual de Resistencia para intentar volver. Pero eso será ya otro capítulo, que dependerá en gran medida de si Vox se aviene o no a sostener un gobierno estable.