Fundado en 1910

La izquierda faltona tiende a burlarse de los que creen que con Franco se vivía mejor y, desde hace años, los califican como nostálgicos por añorar aquellos tiempos. Lo dicen con sorna, como si el mayor nostálgico de todos no fuera Pedro Sánchez, que saca a relucir las décadas pasadas a las primeras de cambio, en cuanto necesita tapar cualquier escándalo.

A nuestro presidente le habría gustado vivir otra época. O fantasear con ello. Seguro que en círculos internos fanfarronea sobre cómo habría corrido delante de los grises. Todo ficción, porque no me lo imagino en primera línea precisamente.

Sánchez es un nostálgico, pero de épocas más cercanas. Con su particular versión del «no a la guerra» de Zapatero, quiere que nos retrotraigamos en el tiempo. Pero no tendremos esa suerte... ojalá estuviéramos en 2003. Y no solo porque mis únicas preocupaciones entonces fueran que llegara la hora del recreo para jugar al fútbol o que la chica rubia de tres pupitres más allá me dedicara una sonrisa. El Madrid fichaba a Beckham y los galácticos aún no habían implosionado. Sonaba el Dime de Beth en Eurovisión y el Soldadito marinero de Fito en los primeros iPod que llegaban a España. Aprendíamos a hablar balleno con Buscando a Nemo y ansiábamos por saber si Frodo conseguiría llegar al Monte del Destino. Como para no querer volver a 2003.

España tenía un presidente del Gobierno que gustaba más o gustaba menos, pero que no pactaba con independentistas ni ponía una alfombra roja a los etarras para salir de prisión. Nuestro país tenía una posición privilegiada en la mesa en la que se tomaban las decisiones y no quedaba relegado a enterarse por terceros.

El español medio vivía mejor, sobre todo porque antes había clase media y ahora es casi inexistente. El IVA se gravaba al 16 % y nadie se preocupaba por los impuestos del plástico al pedir un café para llevar. Podías ir al cine por cinco euros y ahora, con suerte, te cuesta el doble. El precio de la vivienda era alto, pero se podía pagar apretándose el cinturón, mientras que ahora hay que coger el cinturón, la soga al cuello y de paso vender un riñón. Entonces hacían falta seis años de sueldo para comprarse una casa y ahora, casi ocho. La deuda pública rondaba los 380.000 millones de euros, mientras que ahora está cerca de los 1,7 billones. Hace 23 años, cada español debía 9.000 euros y ahora, 34.000. Aunque no pasa nada, porque hay motivos suficientes para perdonar su parte a los catalanes y que sean otros los que apoquinen. Todo sea por seguir en la Moncloa añorando tiempos mejores.