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en el recuerdoAlfonso Ussía

El eje ecológico

En lo que afecta a la posibilidad de que los propietarios y empleados de los restaurantes nos eduquen en comida sana, por mi parte, no hay inconveniente. Creo que el mensaje de doña Begoña tiene como base una gran sabiduría científica y pedagógica de carácter «sostenible», y ante eso, nada hay que objetar

No se puede estar en todo. Nada me interesaba más que asistir a la inauguración de la Cátedra de Transformación Social de la Universidad Complutense, cuya directora no es otra que doña Begoña Gómez de Sánchez. En ese acto de especial relevancia, la directora de la Cátedra, doña Begoña Gómez de Sánchez, disertó de un problema social que desde niño me causa hondas preocupaciones. «Ciudadanía Global y el papel de la Empresa en los Derechos Humanos». Había modificado mi agenda para hacer un hueco que me permitiera comparecer a tan extraordinario evento, pero no pude cancelar mi compromiso previo. El «cumple» de mi sobrina nieta Vanessa Ainhoa, a la que quiero con especial frenesí.

Pero he seguido los pormenores del acto y la consistencia social, política y ecológica de su contenido. Y como es habitual, la brillantez de la exposición de doña Begoña Gómez de Sánchez destaca sobremanera del resto de las alocuciones. En su intervención, que fue largamente aplaudida por los asistentes al acontecimiento, se refirió a los «objetivos del desarrollo sostenible» de los restaurantes. Me llamó la atención el hallazgo de la acepción «sostenible», que se me antojó de lo más certera y original, amén de progresista. Doña Begoña se esforzó en recomendar a los dueños de los restaurantes que no interpretaran exclusivamente sus locales como un mero negocio. Y se mantuvo serena y contundente en su afirmación en dos puntos de apoyo irrenunciables. El eje ecológico y el objetivo de la educación. El negocio es prescindible.

En una frase realmente brillante, en la que reúne con brevedad los dos puntos de apoyo, y que inmediatamente después de ser emitida fue recompensada con una prolongada ovación con el público puesto en pie, doña Begoña afirmó «que los restaurantes nos tienen que educar en la comida sana y ofrecer productos de proximidad ecológicos». Acierto pleno.

Los restaurantes, que llevan tantos años –el último, especialmente–, ganando dinero a espuertas y aumentando sin cesar sus ingresos y puestos de trabajo, ni nos educan en comida sana ni nos ofrecen productos ecológicos de proximidad. De tal modo que, desde mañana, los clientes no comprometidos con el eje ecológico que acudan a un restaurante del sur, no podrán solicitar un plato típico del norte, porque la lejanía es antónimo de la proximidad. Una fabada asturiana, un lacón con grelos, un cocido lebaniego o un bonito con tomate son platos vetados por la lejanía ecológica para los castellano-manchegos, andaluces y extremeños. De igual manera, los gallegos, asturianos, montañeses, vascos y navarros no podrán solicitar un salmorejo, 'pescaíto' frito, atún de almadraba y flamenquines. Y los canarios, se siente, tendrán que conformarse con sus productos. Papas arrugadas, mojo picón, y los exclusivos pescados de las islas.

Para ser consecuente con los hábitos y normas que propugna, doña Begoña ha exigido a su marido que, a su vez, ordene la urgente instalación de un secadero de jamones de Jabugo en el rincón sudoeste de los jardines del Palacio de La Moncloa. Según informaciones oficiales, entre la señora Gómez de Sánchez, el señor Sánchez de Gómez y los amigos y parientes de los señores de Sánchez Gómez o Gómez Sánchez, consumen cada mes 6.000 euros en jamones Cinco Jotas de Romero Carvajal, Jabugo, Huelva.

Y la directora general de Proximidades Sostenibles, que depende directamente de doña Begoña, ha recomendado el urgente establecimiento del secadero al estimar que el jamón de Jabugo no es un producto ecológico de proximidad respecto a La Moncloa, a no ser que se construya en la zona sudeste de los jardines monclovitas un aeropuerto exclusivo para transportar jamones. Lo lamentable del caso es que tampoco hay aeropuerto en Jabugo, allá en plena sierra onubense, y dos aeropuertos son muchos aeropuertos en la situación actual.

En lo que afecta a la posibilidad de que los propietarios y empleados de los restaurantes nos eduquen en comida sana, por mi parte, no hay inconveniente. Creo que el mensaje de doña Begoña tiene como base una gran sabiduría científica y pedagógica de carácter «sostenible», y ante eso, nada hay que objetar.

Todo sea por la decencia, el ahorro público y el eje ecológico.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 13 de mayo de 2021