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DivisaderoAntonio Pérez Henares

Cuando la guerra acabe

No pocos países de Europa han mantenido, en mayor o menor grado, desacuerdos con él y con la operación militar desatada contra el régimen de los ayatolás, pero ninguno lo ha pregonado a grandes gritos ni hecho de ello ostentación y bandera esencial de su política interior y exterior

Un día, puede que bastante más tarde de lo que nos hubiera gustado, esta guerra acabará. Muchos países respirarán aliviados pero ese día España y todos nosotros empezaremos a tener nuevas preocupaciones.

La opinión que Trump nos merece a bastantes, me cuento entre ellos, puede ser, por decirlo suavemente, manifiestamente mejorable. Otros desde luego es también cierto que lo aplauden y hasta con entusiasmo. Pero más allá de todo ello, la realidad es que ese señor es el presidente de los Estados Unidos de América. Y ese hecho va a acarrearnos una ristra grande de problemas.

No pocos países de Europa han mantenido, en mayor o menor grado, desacuerdos con él y con la operación militar desatada contra el régimen de los ayatolás, pero ninguno lo ha pregonado a grandes gritos ni hecho de ello ostentación y bandera esencial de su política interior y exterior. Sánchez sí. Lo ha convertido en la almendra central de su discurso, en su consigna y eje de su campaña para intentar mantenerse en el poder.

Por ello, los gravosos costes que la guerra va a tener para todos, que va a tenerlos y duros, se van a ver incrementados para nosotros. El precio, me temo va a ser bastante más que para nuestros vecinos.

Y no solo por lo que a EE.UU se refiere, e incluso más de lo que a la OTAN concierne. La propia Europa, la propia UE va tenernos en su punto de mira. El quedar aislados, el ser señalados por habernos señalado tanto y de manera compulsiva por nuestro propio Gobierno no va a salirnos para nada gratis. Pero eso al inquilino de la Moncloa no le importa lo más si puede sacar aunque solo sea unas migajas de rédito electoral. Es más, puede que su sueño más húmedo sea que la guerra se enquiste y dure cuanto más mejor y cuando concluya él pueda utilizar en modo víctima lo que Estados Unidos de América descargue contra quien considera un aliado no fiable y ya no solo desleal en un momento crítico, sino que ha hecho alarde de serlo.

Lo peor de todo, aunque ahora se contemple, va a ser precisamente esto último. Porque ese es el hecho diferencial con los países de nuestro entorno: Francia, Alemania e Italia. Los tres han expresado de una u otra forma, más o menos, su disconformidad, pero ninguno de ellos ni de otros estados de menor dimensión y potencia se han propuesto como abanderado «sietemachos» contra el país más poderoso del mundo. Porque puede que nos caiga muy mal su presidente, pero es quien allí manda. Cuando toque, no tengo dudas, nos van a hacer no solo saberlo sino comprobarlo y sufrirlo en nuestras carnes. Al tiempo.