Guerras nobles, batallas sucias
Los pueblos de Irán y Ucrania libran guerras duras y nobles. Las batallas sucias de los autócratas desde madrigueras ideológicas carecen de futuro. Y pierde, sobre todo, la táctica del avestruz en España y el resto de Europa: un terraplanismo más
La lucha armada –recuerdan los sabios– es una disfunción, un fracaso. Sun Tzu, el legendario estratega de El arte de la guerra, dejó claro, quizá quinientos años antes de Cristo –quien más sabe de paz–, que una batalla supone una decepción para la inteligencia, un último recurso, una necesidad.
La agresión refuerza este concepto. Como el colmillo hueco de la cobra envía neurotoxinas al cerebro, el agresor puede desintegrar las sociedades atacadas, desposeídas no sólo de su tierra, sino de su alma, que, emponzoñada por la sangre derramada, el desabrigo, la destrucción, el horror, recibe tanto más veneno cuanta menos libertad encuentra. La mentira y la media verdad ciegan este paisaje con humo cargado de muerte.
Pero allí el derecho a la defensa se transforma en tu derecho. Los que toman la iniciativa de la violencia, para imponerse por la fuerza, amenazan a tus hijos, tu familia, tus amigos. Tienes la obligación de prever y salvaguardar a los tuyos.
Desde esta perspectiva, permíteme, amigo, contrastar –igual que los metales preciosos– dos realidades.
Primera. Irán hoy: desde enero de 1979.
Los ayatolás iraníes enriquecían sin cesar su uranio –a pesar de los tratados– para hacerse con el arma nuclear. No buscaban el progreso oncológico. ¿Estaban en su derecho? De ningún modo. Ellos lo sabían tan bien como las democracias amenazadas.
En efecto: con su intimidación, ligada a un sustancial apoyo financiero, los ayatolás pretendían reforzar no sólo la llamada 'Ala Militar de Hizbulá' para acabar con la libertad del Líbano y la independencia de la mayor parte de los libaneses, sino que respaldaban a Hamás –incluido 'Hamás-Izz-al Din al-Qassem»–, estructura dictatorial que sometió a la población palestina de la Franja, utilizada como escudo humano para ocultarse detrás.
Incansables, los ayatolás «protegían» a los militares hutíes situados en el Yemen, quienes desde fines de 2023 iniciaron sus ataques contra buques comerciales que atravesaban Bab el-Mandeb, vital para la economía de todos, con el malhadado objetivo de estrangular la vida en Israel. Última ocurrencia ayatólica: minado y bloqueo del estrecho de Ormuz.
Así que la Unión Europea no extrañó a nadie cuando el Consejo el 26 de febrero de 2026 adoptaba la decisión de mantener aquellos dos primeros grupos en su lista de organizaciones terroristas, mientras les sumó la Dirección de la Seguridad Interior del Ministerio de Inteligencia y Seguridad de Irán y el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI). Una y otro institucionalizan el odio, persiguen a la mujer intelectualmente no velada y reprimen al conjunto de su propio pueblo, también mediante ametrallamientos en masa –decenas de miles– ya en julio de 1999 y ahora, de nuevo, entre diciembre de 2025 y enero de 2026.
La población iraní busca salir de ese régimen como de un cóctel molotov sobre sus cabezas. De ahí la excelente Inteligencia de que dispone Washington. En realidad, basta preguntar a los iraníes que residen fuera del país. Datos oficiales: nosotros recibimos unos diez mil.
Aunque no lo podrás creer, lector, pero en España hay políticos –algunos de Podemos, financiados por los ayatolás, otros del actual PSOE, ligados a Gates y Soros– que aborrecen la lucha de las democracias contra esa lacra. No quieren ver el peligro. Como tampoco aciertan a responder por qué el votante joven les abandona.
En fin, parece evidente que las democracias hemos de hacer frente al núcleo de esa pandemia, que nos amenaza.
Segunda realidad. Ucrania hoy: desde febrero de 2014.
Crimea y Sebastopol fueron arrancados a Ucrania por Putin, que no Rusia, en febrero de 2014. Una mente kagebética –hoy GRU– asiatiza Moscú: asfixia la condición de aquel gran país como pulmón oriental de nuestra gran cultura europea. Ante la agresión hubo condenas débiles más silencios culpables de aquellos políticos de los estados miembros de la UE equivocados desde el fracaso de la Comunidad Europea de Defensa en agosto de 1954.
El Marqués de Carabás, que es Putin con su camarilla, pretende suyos innumerables espacios geográficos adicionales. Por eso la OTAN, entre otras cosas, sobrevuela sin cesar los tres pequeños estados democráticos de la UE al este del Báltico. Estamos sólo al principio: tras una concentración masiva de tropas en la frontera desde mediados de 2021, el petersburgués invadió en masa Ucrania en febrero de 2022, pero, ante la lógica tenacidad de una nación en armas que no quiere desaparecer ni dividirse, trata de arrancarle el este-sur desde el Donbás, para dar vida permanente a la Crimea expoliada, uniéndola por tierra a Rusia.
De nuevo, no lo podrás creer, lector, pero en España hay políticos que aborrecen la lucha de las democracias contra esa lacra. Que no quieren ver el peligro. Ni asumir nuestra real responsabilidad en nuestra propia seguridad como nación occidental desde nuestra profunda romanización.
La conclusión parece simple. Los pueblos de Irán y Ucrania libran guerras duras y nobles. Las batallas sucias de los autócratas desde madrigueras ideológicas carecen de futuro. Y pierde, sobre todo, la táctica del avestruz en España y el resto de Europa: un terraplanismo más.
P.D.: mientras, multiplican encuentros con el partido único del adversario sistémico: China.
- José-Andrés Gallegos del Valle es embajador de España