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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

El 'aforramiento' del imputado Zapatero y el aforamiento del imputable Sánchez

Como cuando Sánchez desdeñó a Aldama como «personaje que no merece ningún crédito», aquel indignado Señor 10% tiró de la manta dejando a la vista cómo se financiaba ilegalmente el PSI y se enriquecía su dirigencia poniendo en fuga a un Craxi que se recluyó de por vida en Túnez para no ser enrejado

Sin dar tiempo a digerir la debacle electoral en la Andalucía en la que se enfeudó cuarenta años, la imputación del expresidente Zapatero, a instancias de la Fiscalía Anticorrupción, como presunto cabecilla de «una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias» para que la aerolínea Plus Ultra obtuviera su rescate gubernamental de 53 millones, lo que le habría reportado una mordida de dos millones, evidencia la fusión del poder y el delito en una España abocada a finiquitar el mandato de Sánchez si no quiere que este acabe con el Estado de derecho ante su peliaguda agenda judicial. En puridad democrática, quien arribó al Gobierno con la moción de censura que defendió en el ambón de las Cortes el preso preventivo Ábalos, a la espera del veredicto del Tribunal Supremo, y que parapetaron los procesados Cerdán y Zapatero, debería estar fuera del cargo.

Sin embargo, no lo hará y usará el Gobierno como barrera de protección de su impunidad arrastrando al desprestigio su alta encomienda. Tras ser imputados sus coroneles Ábalos y Cerdán, más el mamporrero de estos, Koldo García, así como al paladín de «la banda de los Rodríguez» (el «bueno» de José Luis con la «fea» Delcy y el «malo» Jorge, la diarquía de hermanos que comanda Venezuela tras el apresamiento de Maduro por Trump) que reemplazó a «la banda del Mercedes» que le condujo a Ferraz y a La Moncloa, Sánchez elude esa imputación al estar aforado, pese a que las fechorías de sus cuates no podrían haberse materializado sin su concurso.

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, en una imagen de archivoEuropa Press

No obstante, si la Justicia solicitara el suplicatorio, es probable que este se topara con la negativa de la mayoría Frankenstein proveyéndole de un indulto anticipado al decaer esas acusaciones. De esta guisa, España oscila entre el «aforramiento» –valga el palabro– del primer expresidente de la democracia imputado y el aforamiento de un presidente imputable de no mediar aforamiento por su parte. En ese brete, La Moncloa y sus socios han tocado a rebato contra los jueces tirando nuevamente de la letanía del lawfare para preservar la indemnidad de un bandolerismo político que se ha exhibido con impudicia en los mítines socialistas andaluces. De hecho, su candidata, Marisu Montero, presentó a Zapatero como su talismán cuando pendía sobre su cabeza –cual espada de Damocles– su encausamiento. De ahí sus apelaciones al «patriotismo del partido» –refugio de canallas– como el borracho que busca una farola donde apoyar su vacilante verticalidad.

Después de tremolar la bandera de conveniencia contra la corrupción para enseñorearse de ella y convertirla en ejercicio de mando, Sánchez compromete el sistema al atarse a sus columnas como Sansón gritando «¡Muera yo con los filisteos!» con España rememorando la Tangentópolis italiana. Así, la «menuda inventada» que Sánchez achacó al comisionista Aldama y que este respondió con testimonios y pruebas creíbles para fiscales y magistrados está desatando la letalidad de las revelaciones del recaudador del PSI, Mario Chiesa, a raíz de que Bettino Craxi, primer ministro y secretario general del PSI, tratara de desligarse tildándole de «pequeño maleante»

Como cuando Sánchez desdeñó a Aldama como «personaje que no merece ningún crédito», aquel indignado Señor 10 % tiró de la manta dejando a la vista cómo se financiaba ilegalmente el PSI y se enriquecía su dirigencia, poniendo en fuga a un Craxi que se recluyó de por vida en Túnez para no ser enrejado. En España, la «traviata» del tenor Aldama tuvo, además, mucho que ver con el choque de clanes socialistas al emerger Zapatero como «polizón de oro» en el salvamento de Plus Ultra y en la posterior financiación chavista para que Sánchez presidiera la Internacional Socialista a cambio de dejar en la cuneta al opositor Guaidó y abrir Barajas a Delcy Rodríguez, pese a tener vedada su entrada en el espacio aéreo europeo. Este litigio entre bandas lo detalló Aldama, quien se hallaba con Koldo García en el Ministerio de Transportes en un despacho aledaño al del encuentro entre Ábalos y Zapatero cuando este le espetó al ministro reticente con la «operación Plus Ultra»: «No te lo estoy pidiendo yo, sino el presidente».

Tras utilizar las prerrogativas de expresidente para sus turbios enjuagues con dictaduras como Venezuela o China, con pasaporte diplomático e información estratégica, 'Mr. Bean' Zapatero ha venido haciendo negocios opacamente travestido del filántropo que ha transitado de la 'Alianza de Civilizaciones' a la 'Alianza de Corrupciones'. Ello refrenda el diagnóstico del escritor checo Milan Kundera de que «nada hay más insensible que el hombre sentimental». La realidad se encarga de darle razón al autor de La insoportable levedad del ser, quien preconiza la exigencia, mediante «el hombre que pregunta», de rasgar «el lienzo de la decoración pintada para observar lo que se oculta tras ella.».

Así, ese «hombre que pregunta» –la Prensa, la Policía y Guardia Civil, y la Justicia– está desvelando, cada uno en su ámbito, cómo la España sanchista, al igual que la Venezuela de los «roborrevolucionarios», saquea a manos llenas lo público mientras alardea de su custodia para requerir –como en la Andalucía de los ERE– el sufragio ciudadano.

A este respecto, cuando ya no funciona el voto del miedo al que viene la ultraderecha de Vox de la mano del PP ni siquiera en sus «burgos podridos» (Azaña dixit), 'Pedrolobo' Sánchez no renuncia a su utilidad en un doble sentido. De un lado, para acallar las críticas internas a quien lidera un partido que, desde las generales de 2019, con la excepción catalana, ha perdido todos los comicios locales, autonómicos, nacionales y europeos celebrados hasta –como se ha hecho apreciable en el último rally– dejar incluso de ser alternativa. Y, de otro, para sellar las vías de agua con unos socios que, salvo los soberanistas, están pagando un alto precio por su complicidad con la corrupción sanchista ya concurran solos o amalgamados bajo la marca Por Andalucía. Ello ha quedado patente con el éxito electoral de «Adelante Andalucía». Al poner distancia con el PSOE como antes operó con Podemos, ello le ha granjeado una pátina de virginidad a esta variante meridional de Bildu y del BNG gallego, si bien a riesgo de agrandar el boquete de la plurinacionalidad y la autodeterminación. Pero esa es otra historia, no menor, como diría el cantinero de Irma la dulce, esa joya del maestro Billy Wilder.