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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Ese lado bueno de la historia de ZP

El problema es que hay muchos españoles que ya no aceptan que Jack el Destripador se crea Teresa de Calcuta. Y, sobre todo, existen millones de ciudadanos, que sí habitan el lado bueno cada mañana cuando curran, se esfuerzan, cuidan de su familia y cumplen la ley, y que ya no se callan ni admiten más imposturas

El lado bueno de la historia es aquel lugar en el que solo habita la izquierda hasta que llama a su puerta la UDEF y un juez de la Audiencia Nacional. Un espacio lleno de bondad donde no están Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Isabel Díaz Ayuso, Núñez Feijóo, Santiago Abascal y, como poco, diez millones de españoles y miles de millones de ciudadanos del mundo. Claro que, gracias a imponer su criterio sobre el derecho de admisión, el recinto se ha ido llenando con sujetos del peor pelaje que, eso sí, cuentan con el salvoconducto del comandante en jefe de la izquierda global, es decir, Pedro Sánchez. Así que solo él ha decidido visar al ramillete más pestilente del planeta: Xi Jinping, Delcy Rodríguez, José Luis Ábalos, la dictadura cubana, los ayatolás, Hamás. Otegi, Junqueras… Y Zapatero: el primer presidente del Gobierno de la historia imputado por presuntamente beneficiarse de un rescate a una aerolínea absolutamente irrelevante y repartir con su familia la pasta. Un exdirigente socialista sobre el que pesan sospechas de tráfico de influencias, falsedad documental y organización criminal, que no es un jarrón chino: es el verdadero arquitecto del sanchismo, el que diseñó las alianzas con los proetarras y con Pablo Iglesias. Por tanto, cuando Zapatero comparezca ante el juez de la Audiencia Nacional el próximo 2 de junio lo hará realmente el sanchismo.

En ese lado bueno de la historia se respira amor: Zapatero solo veía nubes de algodón. La conciencia moral no existe, ni la exigencia ética, ni el respeto por los derechos humanos: todo es etéreo. Basta con hacer declaraciones grandilocuentes sobre la paz en el mundo y la maldad de la derecha, en la mejor tradición zapaterista, para tomar asiento. Es tan bonito circular por allí que a nadie se le pide ningún compromiso con los valores democráticos. Así, el Sumo Líder chino amigo del expresidente investigado, puede firmar sentencias de muerte, apretar bajo su bota a millones de compatriotas, pero sentirse bendecido para entrar por méritos propios en ese reducto de superioridad moral. Lo mismo sucede con la presidenta venezolana, que tiene permiso para compadrear con el jefe del lado malo, Donald, incluso pelotearle cumpliendo sus órdenes, y simultáneamente, flotar en la arcadia de Pedro y José Luis. Por eso, nos acaba de contar el presidente español de ese oasis progresista, que guarda un dibujo hecho por un niño palestino, que le recuerda que debe perseverar en defender a los desheredados, aunque sea desde un Falcon, y de cuchipandi con tiranos que roban a los pobres de su país. Son sus pobres, y con ellos hacen los tiranos lo que les da la gana.

Sánchez quiere que los países de ese sur global empiecen a mandar en el mundo: como ZP hizo con la alianza de civilizaciones. Ya nada importa que antes el orden internacional lo marcaran los países democráticos, con estados de derecho que respetaban la ley y trataban a sus nacionales como iguales, hoy son las autocracias las que nos salvarán de la democracia. El Gobierno español defiende que el Parlamento no tenga ningún poder de decisión, fuera presupuestos, adiós a los proyectos de ley, a la separación de poderes, al respeto institucional. Por eso, el objetivo es arrinconar en el lado malo a quien puede ser su alternativa, a base de convencer a los fanáticos de que, si se coaligan con Vox, las libertades desaparecerán. Es decir, aquel que vulnera todos nuestros valores endosa a sus oponentes un proceso de intenciones que solo sería una copia, de ser verdad la acusación trapacera, de lo que él mismo lleva haciendo desde junio de 2018.

El problema es que hay muchos españoles que ya no aceptan que Jack el Destripador se crea Teresa de Calcuta. Y, sobre todo, existen millones de ciudadanos, que sí habitan el lado bueno cada mañana cuando curran, se esfuerzan, cuidan de su familia y cumplen la ley, y que ya no se callan ni admiten más imposturas. Españoles que se reconocen más cuando hacemos piña con Francia o Italia que cuando nos colgamos del brazo de una indocumentada indigenista o de la recauchutada alcaide de las peores cárceles venezolanas. Amiga de Zapatero. De quién si no. Al perro flaco Pedro todo se le vuelven pulgas. Y la pulga Zapatero es la más gorda. Compren palomitas.