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en el recuerdoAlfonso Ussía

El tío de América

Esos 26 concejales de Gerona se creen estupendos, modernos, progresistas, algunos de ellos separatistas y los otros también. Pero en realidad no son más que unos majaderos. He decidido no vivir en Gerona, y renunciar a mis ocho horas mensuales de asueto por la menstruación

El Ayuntamiento de Gerona, con una mayoría aplastante –26 votos a favor y uno en contra–, ha votado favorablemente al permiso de flexibilización menstrual del que podrán hacer uso las mujeres, los hombres «trans» y personas no binarias. Las personas no binarias son aquellas que no se identifican ni como hombres ni como mujeres. No obstante, esa flexibilización requiere la previa comunicación al responsable de sus respectivas áreas. En caso afirmativo, dispondrán de un máximo de ocho horas por mes o de la parte proporcional en caso de que no hagan jornada completa. Estoy hecho un lío.

Una dulce prima, allá en mi primera juventud, cada vez que experimentaba los pormenores del ciclo, lo anunciaba con solemnidad transoceánica. –En unos días no podré hacer nada porque ha venido mi tío de América–. Yo era tan inocente que creía a pies juntillas que tenía un tío en América de la rama ajena a la de mi familia. Un tío encantador y muy viajero, que visitaba a mi prima puntualmente todos los meses sin fallar jamás. Un día le pregunté si el tío de América le traía regalos, y me respondió con imprevista sequedad. –Sí, muchas molestias y bastante dolor–. Esa respuesta ayudó a crecer mi confusión.

Si el tío de América lo que le traía eran molestias y dolor, no terminaba de comprender su disponibilidad en cada mes. Al fin, mi amigo Eugenio Antonio Egoscozábal Ubarrechena, que tenía un abuelo que sólo podía dormir en el Coche-Cama de Wagons Lits Cook, me sacó de la nube, con su lenguaje escueto, directo y donostiarra. –Que no es un tío de América, memo, que es la menstruación-. Y como en mi casa estaba prohibido hablar o comentar de esas cosas, seguí en el limbo, hasta que me informé en la Enciclopedia de la Medicina de Larrouse. Me dio un poquito de asco, sinceramente.

«Cosas de mujeres» se decía también. En Guecho, el «Agapitoir»

Y en San Sebastián «Luisito», y en mi casa, nada. Pero acertaba el primer camuflaje, «cosas de mujeres». Ahora se ha ampliado su círculo de afectados, porque además de las mujeres, que son las únicas que en verdad lo padecen, en Gerona se han sumado a las molestias y los dolores los hombres que deciden ser mujeres sin serlo y los binarios, es decir, aquellos que no saben si son mujeres u hombres porque jamás se han atrevido a verificar si tienen hucha o colita. Gerona es una ciudad muy avanzada, y no osaría aventurar que 26 de sus 27 concejales ingresarían con todos los honores en la «Enciclopedie Mondial de Gilipois» que cuenta con 37 volúmenes, muy bien encuadernados, por cierto. Y todo, o mucho del todo, por la culpa de esas obsesas sexuales que se lo pasan bomba en un ministerio que viene de una cama compartida. O ayer compartida y hoy menos. O vayan ustedes a saber.

Me propongo declararme «trans» y vivir en Gerona. Un mes «trans» y al mes siguiente «binario», porque mujer, lo que se dice mujer, no lo soy. He alcanzado una edad en la que apenas se experimentan esas cosas tan divertidas, pero puedo asegurar y aseguro que nunca he sentido molestias y dolor en esas zonas íntimas e indiscretas. Lo más, cuando de niño jugaba al fútbol y un defensa adversario me arreaba un balonazo en los cotubillos, y eso sí que resulta doloroso con tío de América o América sin tío.

Esos 26 concejales de Gerona se creen estupendos, modernos, progresistas, algunos de ellos separatistas y los otros también. Pero en realidad no son más que unos majaderos. He decidido no vivir en Gerona, y renunciar a mis ocho horas mensuales de asueto por la menstruación.

Cochinos.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 1 de julio de 2021