Importantes avisos de dos que saben
Muy esclarecedor escuchar a Jaime Mayor y Francisco Vázquez, porque no se quedan en la espuma del día, sino que van a las causas profundas del problema
El lunes tuve la oportunidad de participar en La Coruña en un acto con Jaime Mayor Oreja, de 74 años, y Paco Vázquez, al que le acaban de caer unos espléndidos 80. Viniendo uno de la UCD y el PP y el otro del PSOE, han hecho ya varios bolos juntos, hasta el extremo de que con buen humor se definen como «una pareja de hecho». Ambos dieron un recital, en una sala abarrotada a pesar de que competían con los felices fastos por el ascenso del Deportivo (al que el rodillo nacionalista le quiere cambiar ahora el nombre que luce desde los años treinta para plegarlo a una lengua que solo hablan a diario el 10 % de los vecinos de su ciudad). Mayor y Vázquez demostraron lo ya sabido, que la categoría de los políticos de su generación da unas vueltas a la de los de hoy, por hondura de pensamiento, formación y capacidad de mirar con luces largas. Ellos no se dejan cegar por las urgencias taquicárdicas de la última hora de cada día, donde viven instalados los actuales dirigentes de mente-tuit y mínima reflexión.
La conferencia tuvo lugar con motivo de la presentación del libro de memorias de Mayor, que va ya por la sexta edición, y dejó dos cosas claras: 1.- El separatismo tiene un plan mano a mano con el PSOE para derribar el orden constitucional, el del consenso del 78, y van ganando la partida. Por lo tanto, está en peligro la unidad de la nación, con Cataluña y el País Vasco camino de convertirse en miniestados en una España «plurinacional». 2.- Para revertir el daño que han hecho a España las revoluciones políticas y sociales de Zapatero y Sánchez se debe trabajar en las causas profundas, en las ideas de fondo, más que quedarse solo en la espuma de los detalles. De entrada, un nuevo Gobierno debería derogar todas sus leyes ideológicas, desde las de memoria sectaria hasta las de «identidades de género» y las contrarias a la vida. ¿Lo veremos? Soy pesimista.
Para intentar revertir las secuelas del sanchismo, Jaime Mayor abogó claramente por un entendimiento leal entre PP y Vox en nombre del superior interés de España. También soy pesimista. Me temo que las urgencias egoístas de las calculadoras electorales se impondrán a la defensa del bien común. Sin un entendimiento en la derecha contaremos con un gobierno débil, lo cual resultaría fatal, pues en cuanto Sánchez salga de la Moncloa la izquierda se movilizará en las calles y en sus televisiones como si estuviésemos sufriendo un apocalipsis. Un nuevo gobierno debería por tanto actuar rápido, emprender su contrarreforma desde el primer instante.
Aunque no es una música nueva, no deja de resultar llamativo y relevante que tanto Paco Vázquez como Jaime Mayor alertasen muy claramente sobre riesgos en el proceso electoral, tanto en lo relativo al voto exterior, que el sanchismo está inflando ahora mismo de manera escandalosa en Hispanoamérica, como en el propio recuento de las papeletas del correo. ¿Alguien le compraría un coche usado a Sánchez? No. Entonces, y a tenor de su trayectoria moral, ¿está garantizado que no intentaría un pucherazo en caso de tener posibilidad? No lo sé (o sí), pero los dos veteranos políticos expresaron su perplejidad ante el hecho de que la oposición no esté trabajando más para protegerse con las máximas garantías.
Por último, Jaime Mayor vaticinó que Bildu, el partido de ETA, gobernará pronto el País Vasco, logrando así la victoria que no obtuvo con la más sanguinaria violencia. La región entraría con ello en un proceso de sectarismo extremo, a fin de dar el último paso a la independencia, y se sumiría en un drástico empobrecimiento. Por dejar un pequeño guiño a la esperanza, Mayor Oreja añadió que con el tiempo las nuevas generaciones víctimas de este experimento totalitario podrían reaccionar ante el destrozo. Pero eso sería a largo plazo. Y como decía el sagaz Keynes, «el problema del medio plazo es que para entonces todos estaremos muertos».
¿No se puede hacer nada? Creo que sí y de entrada dejo una idea que ya se barajó en su día: si Sánchez ha dado la oportunidad de votar en España a los descendientes de exiliados españoles, ¿por qué un hipotético Gobierno de la derecha no podría otorgar el derecho a voto en las autonómicas a los miles y miles de vascos que tuvieron que marcharse de su tierra por la violencia y el chantaje mafioso de ETA? Se mitigaría de golpe el dominio endémico de un nacionalismo que compitió con la cruel ventaja de que a ellos no los mataban.
Haría bien la derecha actual en escuchar a estos veteranos, cuya sabiduría ha sido arrumbada de la vida política antes de tiempo. Muchos políticos actuales tienen miedo de la gente que sabe más que ellos, un signo que siempre distingue a los mediocres.