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Desde la almenaAna Samboal

Interés general

Leire Díez actuaba a las órdenes de Santos Cerdán. Y el secretario de organización del PSOE, ahora aparentemente caído en desgracia, se debía al mandato del secretario general del partido y presidente del gobierno. A estas alturas, hay pocas dudas de que Pedro Sánchez mandó limpiar

«El presidente del gobierno está refiriéndose a todo lo que estamos haciendo», escribe Leire. Y Juanma Serrano replica: «mira el jefe como cita los audios». En esta conversación privada, que el juez Pedraz transcribe en el auto que ordena los registros en la sede del PSOE, ambos comentan en estos términos la declaración en la que Pedro Sánchez da por finalizado el período de reflexión que él mismo había abierto, cinco días antes, con la célebre 'Carta a la ciudadanía'. Los fontaneros pueden sentirse orgullosos –y eso es lo que se deduce de sus comunicaciones– porque con sus pesquisas han ayudado al abatido líder.

Cabría la posibilidad de que, en esa declaración previa a la investigación de su señora, el presidente estuviera haciéndose eco de la información que le hubiera proporcionado Santos Cerdán, sin darle noticias de su origen. Presunción de inocencia, ante todo. Más vale ser ingenuos. Pero es que la misma fontanera, desinhibida, locuaz y hasta temeraria, ya se ha presentado anteriormente ante sus interlocutores, sean guardias civiles, letrados o políticos, como la mano derecha secreta del secretario de Organización del PSOE que trabaja para el jefe del Ejecutivo: «límpiese», le dice al fiscal Stampa que ha ordenado el presidente. Es incluso más explícita en su conversación con Francisco Martínez, exsecretario de Estado con el PP, imputado en el caso Kitchen. Así lo transcribe el auto: llegó a manifestarle que la información que este aportase se la trasladaría «a los que me han dicho que me ponga al frente de todo esto», añadiendo que se encuentran «en la calle Ferraz comunicados con el Palacio de la Moncloa, porque como bien sabes, gobierna el Partido de Ferraz».

Leire Díez actuaba a las órdenes de Santos Cerdán. Y el secretario de organización del PSOE, ahora aparentemente caído en desgracia, se debía al mandato del secretario general del partido y presidente del gobierno. A estas alturas, hay pocas dudas de que Pedro Sánchez mandó limpiar. ¿Limpiar qué? ¿Y a quién? ¿A quienes delinquían o a quienes retrataban a los delincuentes? Si tuvo noticia de delitos, debería haberlos denunciado. La limpieza, en un Estado de derecho, la hace la Justicia. Pero, puesto que los presuntos responsables de las fechorías varias que investigan los tribunales han permanecido en sus puestos hasta que no ha quedado más remedio que echarlos, lo único que nos queda por saber es si el presidente se desentendió de la tarea, dejando que fuera su lugarteniente en el partido el que estuviera en los detalles o si estaba al tanto de las identidades y tejemanejes de la 'gestapillo' que se había montado en Ferraz.

Puesto que su nombre empieza a aparecer en los sumarios con más frecuencia que el de Jose Luís Escrivá, hoy gobernador del Banco de España, haría bien en informarnos. Por interés general. De lo contrario, podríamos llegar a pensar que lo que invoca no es más que un interés particular. No ya de partido, que va a quedar hecho unos zorros, sino de él mismo en condición de beneficiario.