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Unas líneasEduardo de Rivas

La Roja, con Begoña

Buen favor le haría la selección a la mujer de Sánchez si llegara a la final. Lástima que no pudiera acudir ese día para agradecérselo porque le falta el pasaporte

Me van a disculpar, porque llevo un par de semanas de jet lag y durmiendo a deshoras por culpa del Mundial. Sueño cosas raras, como que estoy pendiente de un Congo-Uzbekistán o que Patxi López se pone a gritar «Yo, con Begoña» desde la tribuna del Congreso. Serán alucinaciones por la ola de calor, que, si la sufren ustedes, imagínense cómo sobrellevarla tratando de dormir de día.

No hay otra explicación posible, porque no me puedo imaginar al siempre cortés y comedido portavoz del PSOE poniéndose a dar gritos en el Congreso. Y mucho menos por un acto de vil peloteo al jefe, al Uno, a aquel cuyas siglas se desconocen. Entiéndase el sarcasmo, porque todas sus alocuciones son buscando el bien del país. De hecho, a buen seguro que, después de bajarse de la tribuna, cogió el teléfono y puso una conferencia con Chattanooga, lugar de concentración de España en el Mundial. Y yo me lo imagino cual Gila sin gracia.

—¿Es la selección? Que les vamos a mandar al de Exteriores y a la de Deportes para que les den suerte en el último partido.

—¿Es que tenemos ministra de Deportes?

—Sí, pero no le gustan.

—Está bien saberlo.

—Qué más da. Lo que importa es que tienen que ganar, porque, como vuelvan pronto del Mundial, a ver de qué hablamos nosotros.

—¿Quiere decir que hay prima del Gobierno?

—Primas creo que no, pero sobrinas sí tenemos. Hablen con Leire, que es la que lleva esos temas.

—(Silencio).

—También habíamos pensado que podían tener algún gesto con la presidenta, por aquello de la persecución que está sufriendo. Quizás una pancarta para cuando suenen los himnos o que un jugador se levante la camiseta al marcar un gol. ¿No había uno que apoyaba la causa palestina?

—Sí, pero no está jugando.

—Pues tendrá que jugar. Se trata de un acto de patriotismo.

—¿Y qué tenían en mente?

—Algo con pegada, un eslogan que no pase desapercibido, que ocupe las portadas de todos los periódicos internacionales.

—Entiendo. Y si rima mejor, claro.

—El experto en rimas era José Luis, que leía mucho a Quevedo, pero ahora está difícil lo de hablar con él. Piensen ustedes algo, algo así como «la Roja, con Begoña».

El diálogo podría formar parte del sueño ese en el que veía a Patxi dando gritos en el Congreso o del guion de la próxima de Torrente, presidente. O que simplemente se trate de uno de mis desvaríos provocados por el jet lag mundialista. Disculpen si es así. Pero lo que está claro es que en la Moncloa están deseando que España llegue lo más lejos posible en esta Copa del Mundo, porque cuanto más se hable de la selección, menos espacio tendrán las joyas de Zapatero, los mensajes de Leire y los chanchullos de Begoña.

Un buen favor le haría la selección a la mujer de Sánchez si llegara a la final. Lástima que no pudiera acudir ese día para agradecérselo porque le falta el pasaporte.