Cosas de verano
Infidelidades como la de Rodri se ven más en época estival. Aunque casi siempre tienen la culpa las dos partes
En verano prestamos atención a aquello que pasa desapercibido durante el resto del año. Con las vacaciones y con la ausencia de políticos que nos cabreen, vivimos más relajados y disfrutamos de ese viaje en coche, del susurro de las olas por las noches o del reencuentro con esa sombrilla verde que te niegas a tirar porque ya no se hacen las cosas como se hacían antes.
Hay cosas que son inherentes a la época estival y que se entienden de forma diferente si llevan detrás el complemento «de verano». Porque no es lo mismo una canción que la canción del verano. Que se lo digan a Sánchez y a su playlist. Ni tampoco es igual el amor que un amor de verano o un partido que un partido de verano, que se suele asemejar más a la pachanga de solteros contra casados de la comunidad de vecinos. En verano, en el fútbol tiene más gracia el mercado de fichajes, que también trae amores repentinos y alguna que otra infidelidad.
Lo de Rodri y el Real Madrid se ha visto pocas veces. Una cosa es que alguien decida marcharse de un equipo, incluso para irse al eterno rival, y otra muy diferente es avivar el cortejo durante semanas hasta conseguir un acuerdo para después lanzarlo todo por la borda sin explicación aparente. Aunque, en esto de las infidelidades, la culpa casi siempre es de los dos y, en este caso, tiene pinta de que también.
Si el Real Madrid hubiera cerrado a tiempo el fichaje del jugador del City, ahora no estaría mareando la perdiz con el Barça. Si los blancos le hubieran mostrado el mismo cariño que a Diomandé, hoy estaría a las órdenes de Mourinho. Pero si Rodri no hubiera faltado a su palabra, hoy seguirían en marcha las negociaciones para llegar al Bernabéu. Y habrían llegado a buen puerto.
Probablemente nunca sepamos qué ocurrió realmente en esa relación para que todo se fuera a pique, porque el que engaña podrá argumentar que no se le trató como se debería y el engañado clamará al cielo porque existía una relación de confianza que se vio mermada. Y puede que los dos tengan razón, igual que puede que no la tenga ninguno. Lo que está claro es que el Real Madrid ha perdido una oportunidad única de contentar a su afición, que parecía tan ilusionada por la llegada de Rodri como por la de Mbappé. Y que Rodri ha mostrado que quizás le falte señorío para jugar en el Bernabéu. Pero, por lo menos, nos han tenido distraídos unos días hasta que llegue el próximo exabrupto de Óscar Puente o el primer invitado de Sánchez a la Mareta.