La 'fiestuqui' de Yebes por el eclipse que no tapa a Ceuta
Un gobierno puede organizar una jornada científica. Puede explicar el eclipse. Puede promocionar la astronomía. Puede invitar a investigadores y divulgar conocimiento. Todo eso es legítimo. Lo que resulta mucho más discutible es convertir un acontecimiento natural en una fiesta de autopromoción política
Era inevitable que la turra eclipsar de días, previa al momento decisivo, terminara degenerando en un río de comentarios, impresiones y sensaciones pueriles y cursis justo antes, durante e inmediatamente después de contemplarse el fenómeno astronómico. Hubo, según han referido diversos medios, lágrimas como las de Teresa Riego, secretaria general de Innovación; abrazos, besos, felicidad incontenible, pieles de gallina o gallinas de piel, como decía el recordado Johan Cruyff, emociones desbordadas o resumidas en expresiones como «ha sido una locura total», y hasta confesiones de parte de una irresponsabilidad absoluta como la de quienes admitieron haberse quitado las gafas durante el eclipse total para contemplarlo en toda su dimensión y seguramente forman parte ya de esa pequeña legión de eclipsados sin fronteras que han acudido a las emergencias de los hospitales con molestias de consecuencias imprevisibles en sus ojos. Y no será porque no se advirtió.
No hay constancia, sin embargo, de que hubiera accidentes por conducir con las gafas del eclipse, tal como en un alarde ridículo de paternalismo controlador e insufrible nos advertía la DGT en sus paneles informativos de carretera. No formo parte de esa media España hipnotizada o sobrecogida por el eclipse, según los titulares periodísticos de El País y El Mundo, ni de cuantos catalogaron el evento emocionalmente por encima del gol de Ferran. Siempre me quedaré con el gol que nos hizo ganar otro Mundial de fútbol antes que con un eclipse que, Dios mediante, se repetirá en su totalidad el próximo agosto con una duración de varios minutos en mis predios gaditanos de la Barrosa, donde escribo estas líneas y donde vivimos el acontecimiento planetario como uno más de esos atardeceres de puestas de Sol impagables, sin que la noche se nos echara encima de golpe y volviera la luz, que nunca perdimos, segundos después.
El de este 12 de agosto fue un espectáculo extraordinario de la naturaleza, una oportunidad magnífica para acercar la ciencia a los ciudadanos y un acontecimiento que España como el resto del mundo tenía derecho a disfrutar. Pero una cosa es contemplar el cielo ante un hecho inédito y desconocido hasta entonces para muchos y otra muy distinta utilizarlo como telón de fondo para una exhibición política, como hizo el gobierno al convertir el eclipse en un acontecimiento institucional con la puesta en escena montada en el Observatorio de Yebes. Un montaje que dio lugar a una fiesta de poder donde se confundió la divulgación científica con la propaganda y el relato del que tan partidario y adicto es Sánchez y su tropa. Una parte de la misma, hasta cuatro ministros, Marlaska, Morant, López y Torres, acudieron a la 'fiestuqui' eclipsar cuyo coste superó los 72.000 euros que no se destinaron para financiar un telescopio, unas becas de investigación, un programa educativo o un proyecto científico para acercar a las niñas y niños, de las que habló Morant, a ese Marte donde algún día, según dijo, acabarán aterrizando; cosa que si lo consiguen, me temo que no será por su dedicación y trabajo en el Ministerio de Ciencia, dado que está más pendiente de hacerle la cama al gobierno autonómico valenciano, ni por sus inversiones en proyectos científicos e innovadores.
Es por ello que en este contexto resulta difícil no advertir una contradicción política en el despliegue institucional y propagandístico de Yebes alrededor del eclipse, al mismo tiempo que Ceuta seguía afrontando las consecuencias de la grave crisis migratoria devenida también de seguridad y sanitaria. Mientras Ceuta intenta digerir una crisis de dimensiones históricas, el Gobierno se permitió el lujo de desplegar una corte ministerial para contemplar el eclipse. Mientras la ciudad autónoma reclama medios y una respuesta eficaz, en Yebes se preparó una celebración institucional con cientos de invitados, catering, barra libre y hasta un concierto de música 'indie' para animar un evento que reflejó el descaro habitual con el que se conduce este gobierno que habla mucho de ejemplaridad pública, pero desconoce que la política también consiste en saber cuándo no toca celebrar y ser austeros y ejemplares.
Y la imagen de varios ministros disfrutando de un acontecimiento natural extraordinario en un entorno preparado para la ocasión mientras Ceuta continúa reclamando respuestas no es precisamente la de un gobierno concentrado en los problemas urgentes del país. Así pasa que un día después, Marlaska se acerca a la ciudad autónoma y le recuerdan y con razón sus ancestros con insultos.
Un gobierno puede organizar una jornada científica. Puede explicar el eclipse. Puede promocionar la astronomía. Puede invitar a investigadores y divulgar conocimiento. Todo eso es perfectamente legítimo. Lo que resulta mucho más discutible es convertir un acontecimiento natural en una fiesta de autopromoción política cuando España tiene problemas mucho más graves encima de la mesa que por más que dure un eclipse, jamás los tapará y hará que desaparezcan, y menos con campañas de propaganda y 'fiestuquis' prescindibles a razón de 72.000 euros de nuestros impuestos. Lo mismo Sánchez que Meloni que se paga las vacaciones de su bolsillo mientras aquel veranea en La Mareta a costa de los nuestros. Gestos que resumen dos estilos de gobierno: uno respetuoso con lo público de todos y otro descarado hasta utilizarlo como si de su finca particular se tratara.