Juan Roig, presidente en funciones
Incluso los que no le ven capaz de dar un golpe de Estado convencional (los otros ya los ha dado) dan por hecho que el tipo no nos ahorrará una hora de 'potestas', de Falcon, de escolta multitudinaria, de formaciones militares en uve para recibirle, ni de vacaciones en La Mareta
La potestas la tendrá Sánchez, pero la auctoritas la tiene Roig. Esto ha quedado patente en todas las catástrofes del sanchismo, las que se ven y las que no se ven. Ahí donde el Estado ha faltado, ha llegado Mercadona. Allí donde el presidente del Gobierno se ha rilado, Roig ha mostrado fortaleza. Sánchez vio volar un palo en Paiporta y tuvo un surmenage, al punto que se lo tuvieron que llevar arrastrando los pies. A Roig le montaron un cirio los perroflautas en uno de sus establecimientos y fueron ellos los que tuvieron que salir por patas. La formación originaria de capital de Sánchez está en los prostíbulos gays menoreros de su suegro. La de Roig también viene de la carne, pero de la carne de res, que era el sector de su padre. Del mismo modo que hay vidas paralelas, hay vidas perpendiculares: la línea de la vida de Roig, de rectitud y horizontalidad asombrosas, sin caídas ni euforias, siguiendo su objetivo en la trayectoria más corta entre dos puntos, se topa con la línea vital descendente de Sánchez, una caída en vertical desde la cima que alcanzó por circunstancias inexplicables, propias de las etapas de decadencia, de final de ciclo histórico. Sus líneas se cruzan pues, la de Roig se despide de la otra mirando hacia abajo y sigue a lo suyo. Quedan cuatro ángulos de noventa grados.
La extrema izquierda, conocida en España como «la izquierda», ha seguido a Sánchez en su caída. No han renegado de él, no han recogido cable, no han guardado nada para su dignidad futura. Todos ellos están condenados a ser recordatorio de los tiempos infames. A día de hoy, en su inconsciencia, siguen los insensatos entusiasmados por haber copado las tertulias de albañal. Sin pensar que pasarán los años, la gente los verán por la calle y cambiará de acera.
La España normal se carga de paciencia, a la espera de que llegue el último día en que Sánchez pueda conservar legalmente el poder. Muchos lo vemos capaz de estirarlo un tiempo más, aunque reconozco que es difícil marcarse un Ortega en Europa, que es lo que al ente presidente le gustaría. Incluso los que no le ven capaz de dar un golpe de Estado convencional (los otros ya los ha dado) dan por hecho que el tipo no nos ahorrará una hora de potestas, de Falcon, de escolta multitudinaria, de formaciones militares en uve para recibirle, ni de vacaciones en La Mareta. Si bien lo piensas, estos días le estarán convenciendo de apurar el cáliz hasta las heces. Está allí mudo, sin piernas, ajeno a la invasión, toma y destrucción de Ceuta. Habrá dado orden de que no le molesten así caiga Madrid en manos del moro. ¿Quién llenará la ausencia? Roig, que al fin y al cabo es el que nos da de comer. Lo malo es que Vivas, entre el Rey y el hacedor de Hacendado se ve cada vez más pequeño.