Cuando no puedes culpar a la ultraderecha
La crisis de Ceuta ha destrozado uno de los dos ejes de la propaganda socialista
La crisis de Ceuta ha hecho un destrozo tremendo a uno de los dos ejes de la propaganda socialista, el de la amenaza ultraderechista, y ha herido también al segundo, el del Estado protector de los más necesitados que solo garantizaría la izquierda. Por primera vez desde que gobierna, Pedro Sánchez no ha podido culpar a la ultraderecha con un mínimo de eficacia propagandística. Y, de hecho, sus socios nacionalistas lo han abandonado completamente en esta crisis, cuestionados como están igualmente por sus votantes en la gestión de la inmigración.
El Gobierno lo ha intentado con aquello de los bulos y del movimiento reaccionario internacional, Albares insistía ayer, pero no le ha seguido nadie. Hasta ERC le espetó esta semana en el Congreso a Félix Bolaños que se dejara de elucubraciones, que seguro no habían sido los extraterrestres y que explicara quiénes eran los responsables del asalto a Ceuta. Incluso Compromís le preguntó si el Gobierno estaba hipotecado con Marruecos por Pegasus. Menos el PSOE, todos los partidos políticos han apuntado a la responsabilidad de Marruecos en el asalto y se han negado a secundar al Gobierno en sus explicaciones. Por primera vez en toda la legislatura, todos los socios nacionalistas se han olvidado de la amenaza ultraderechista mundial que tanto les había unido hasta ahora.
Porque los nacionalistas ya han entendido lo que el PSOE sigue negando, y es que la inmigración irregular es una preocupación esencial de los ciudadanos, y que va a decidir elecciones. Ya no es un fantasma de la derecha reaccionaria y xenófoba, discurso recalcitrante de la izquierda, sino un problema real que la derecha entendió hace mucho tiempo. Y si esta percepción ya estaba extendida entre los ciudadanos, la crisis de Ceuta la ha acabado de fijar como una cuestión fundamental de la política española. Lo que ha pillado al PSOE en plena negación del problema y en entusiasta defensa de la regularización extraordinaria. A lo que se suma su tradicional antimilitarismo y su incapacidad para asumir el papel del ejército cuando una crisis grave afecta a la soberanía de España. Qué ironía lo de Junts reprochando al PSOE que «no son capaces de controlar las fronteras europeas», eso sí, para reclamar el control de las «fronteras» catalanas.
La crisis de Ceuta afecta también al segundo eje de la propaganda socialista, el de su papel como supuesto garante del Estado del bienestar para los más necesitados. Porque lo que ven los ceutíes estos días es que el tal Estado del bienestar los ha dejado tirados, con la sanidad, la educación y la seguridad de las calles. La inmigración ilegal fractura igualmente este discurso, cuando al peso de los elevados impuestos para los nacionales se suma la ineficacia en su uso, precisamente por no poder garantizar el Estado del bienestar a quienes lo pagan. Tantos años llamando racistas y xenófobos a quienes exigían el control de la inmigración y apelando a la solidaridad y a los derechos humanos, y he aquí a los socialistas desbordados por la realidad y por las contradicciones de su propio discurso. Y sin un solo aliado.