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Ojo avizorJuan Van-Halen

Otros responsables

Me decía un socialista «histórico», ministro con González, que Sánchez «dejará el PSOE inhabilitado para gobernar durante decenios», y también culpó «a unos sindicatos desprestigiados y a la maltrecha división de poderes porque sólo le preocupa ganar tiempo y no para el bien de la nación sino para su precaria permanencia en Moncloa»

A Sánchez habrá que pedirle responsabilidades un día, que no deseo lejano, por lo que sabemos y lo que aún ignoramos. Debemos acogernos al proverbio árabe: «Lo que viene es mejor que lo que se ha ido», que no resultará difícil.

Reconozco en Sánchez habilidad política. La habilidad para la supervivencia, como reconocieron Castelar y Cánovas, es una virtud política, pero el presidente republicano que facilitó la entrada de Pavía en el Congreso y el padre de la restauración monárquica pusieron como límite el bien de la nación. Sánchez no se detiene ante tal nimiedad. Buena parte del pueblo soberano culpa a Sánchez de la grave situación que atravesamos. En lo económico (aunque él nos cuenta lo que le conviene), en lo institucional (la ocupación de instituciones fagocitándolas), en la crisis de valores (acaso la más grave consecuencia de sus políticas), y en la vuelta a viejas divisiones entre españoles (la llamada «memoria democrática»). Lo cierto es que Sánchez no puede salir a la calle sin que le abucheen. Pero eso sólo daña su desbordado narcisismo.

Sánchez no es el único responsable. Ha conseguido cómplices y padecemos una responsabilidad compartida.

Son también responsables quienes han hecho posible esa supervivencia desde el mercadeo de apoyos parlamentarios. No por el bien de la nación sino por su interés. Pienso en sus socios, en su día cogidos a lazo, que no apoyan, por ejemplo, la salvación de los Presupuestos. Le abandonan en la constitucional presentación presupuestaria, incluidos quienes reciben dádivas territoriales. No pocas. Podrían enviar a Sánchez a su casa. No lo hacen.

Son singularmente responsables los diputados del PSOE. Más de una vez desde la oposición les recordaron que el balón está en su terreno. No lo quisieron entender. En la Historia todo está ya escrito. Si una mínima parte de los diputados socialistas hubiesen querido, residiría otro socialista en Moncloa. Se han enrocado hacia la nada.

Son también responsables, en una u otra medida, quienes, desde ámbitos varios, defienden lo indefendible y tuercen la verdad. Están en su derecho, pero no son de recibo los apoyos de una izquierda radical anclada en el pasado, y no sólo ella, que sigue denunciando, tras los mayores escándalos, que la oposición es culpable de poner palos en las ruedas del Gobierno. Un pacto entre PP y Vox es horrible, pero que el sanchismo tenga como socio destacado a Bildu resulta asumible y natural. Nadie denuncia la proclividad de Sánchez a gobernar por decreto y al uso reiterado del veto a iniciativas parlamentarias de la oposición, gracias a su peón, Armengol, sin precedentes en gobiernos anteriores.

Y la responsabilidad última tras unas elecciones radica en los votantes. Resulta inexplicable los millones de votos a Sánchez en cada comicio. Disminuyen, y no poco, pero no resultaría comprensible, sin contar los apaños, visibles o invisibles, de los que Sánchez es maestro desde sus propias elecciones internas. Vivimos en el país de nunca jamás. Ocurren cosas que aceptamos con naturalidad, que no son democráticamente normales. El sectarismo condiciona y manipula la realidad. Sánchez se esconde tras el silencio. El gobierno es errático y débil, pero son también responsables quienes desde otros poderes del Estado miran para otro lado. Y los sindicatos dormidos. Guardan sus movilizaciones para los sucesores de Sánchez. Hay que pensar en las sucesivas inyecciones de millones de euros que reciben, incluso en tiempos de recortes sociales, siempre que gobierna el socialismo.

La supervivencia de Sánchez es un lastre. Son también responsables quienes mantienen su respiración artificial. Me decía un socialista «histórico», ministro con González, que Sánchez «dejará el PSOE inhabilitado para gobernar durante decenios», y también culpó «a unos sindicatos desprestigiados y a la maltrecha división de poderes porque sólo le preocupa ganar tiempo y no para el bien de la nación sino para su precaria permanencia en Moncloa». Acaso por esa posición de conocidos socialistas resulta relevante que Sánchez confié sólo en su habilidad para jugar sus cartas a lo tahúr del Misisispi.

A ver qué ocurre con los responsables de que el cadáver político de Sánchez permanezca insepulto cuando se den de bruces con la realidad de las urnas. Las victorias tienen muchos padres y las derrotas ninguno.