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en el recuerdoAlfonso Ussía

Los 10.000 rusos

Para mí, que el concejal de Altafulla haría muy bien en darle una segunda vuelta a su estrategia militar. Y a ver si se le ocurre algo más original. Por ejemplo, conseguir que un centenar de independentistas catalanes se atrevieran a combatir por su Cataluña, que no es toda Cataluña, que la mayoría es nuestra

Héctor López Bofill es concejal por Junts en Altafulla, Tarragona. Es por lo tanto, un político con un futuro luminoso, porque no resulta sencillo ser concejal en Altafulla. En Cataluña se aprecia en su justo valor esa concejalía. El motivo del presente texto no es otro que el elogio a la gran sabiduría de estrategia militar del concejal de Altafulla. Ha afirmado que para establecer en el camino de la prosperidad a la independencia de Cataluña, son necesarios 10.000 soldados. Posteriormente ha matizado: «Rusos o catalanes». Los rusos con preferencia respecto a los catalanes, porque López Bofill conoce de primera mano la tibia vocación de los separatistas catalanes de atacar y defender con las armas su utopía.

El último «heroísmo» armado del separatismo catalán tuvo lugar muchos años atrás. Cuando un comando de heroicos «soldados» catalanes secuestró al escritor Federico Jiménez Losantos, le dispararon y pulverizaron una rodilla y lo dejaron malherido y atado a un árbol. Arzallus, que era el Jefe Supremo de la banda, gran recogedor de nueces, se reía del «movimiento armado» catalán. –¿Un catalán empuñando una pistola? Déjense de cuentos. Pero en un punto tiene razón López Bofill. Para lograr la independencia de Cataluña y estabilizar la fantástica «República» son necesarios los soldados. Si bien, 10.000 soldados se me antojan pocos soldados, aunque sean rusos, bielorrusos o mercenarios albaneses. Porque catalanes dispuestos a defender su Republiqueta se podrán contar con los dedos de una mano. Y por supuesto, Héctor López Bofill no sería ni el índice, ni el anular, ni el corazón, ni el pulgar ni el meñique.

Los rusos son buenos soldados. Y sacrificados. Cuentan, además, con unos medios excepcionales. Su intervención en Cataluña es el sueño de Puigdemont. Lograr con las fuerzas rusas lo que jamás conseguirían con armas sostenidas por separatistas catalanes. Todos los pueblos de España son diferentes, y de ahí la grandeza de nuestra patria. El catalán ha destacado poco, quizá por modestia, por su heroicidad en la Milicia. En los roles de navegación de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, no abundan los catalanes.

Pero en el XIX surgen muchos naturales de Cataluña, que se atreven al fin, a buscar prosperidad y fortuna en las colonias españolas. Y como eran grandes mercaderes, terminan por ser ellos los armadores, llevando hasta los mares caribes a decenas de miles de esclavos capturados en África. Fletaban esclavos en las travesías hacia América, y retornaban con colonias y productos ultramarinos. Pero ya cuando el apoyo de España era seguro y firme. No es justo valorar con las exigencias morales y éticas de hoy lo que se hizo en los ayeres, pero en aquellos ayeres los catalanes no destacaron por su servicio a España y el coraje ante el riesgo. Ni los de Altafulla se distinguieron del resto de sus paisanos. Y por supuesto que se dieron grandes y heroicas excepciones, pero no frecuentes.

Por muy rusos que sean los soldados del independentismo catalán, con 10.000 no van a conseguir mucho. Por otra parte, los soldados rusos no van a centrar su histórico heroísmo y abnegación en la defensa de unas ciudades y tierras pobladas por gentes tan desconcertantes y lejanas. Por San Petersburgo, millones de soldados rusos darían su vida. Por Barcelona y Altafulla, muy pocos. Y a todo esto, el gran líder independentista escondido en Waterloo y viviendo del dinero sobrante del que perciben los rusos por luchar en su nombre. No tiene seriedad ese futuro. No sería necesaria ni una Bandera de la Legión. Bastaría y sobraría con los miembros de la asociación de Veteranos del Tercio para convencer a los 10.000 rusos de los beneficios de un retorno a sus hogares. Una guerra muy rara. Una Cataluña independentista sin líderes, sin soldados y con muchos rusos sin saber en qué consiste su cometido histórico.

Para mí, que el concejal de Altafulla haría muy bien en darle una segunda vuelta a su estrategia militar. Y a ver si se le ocurre algo más original. Por ejemplo, conseguir que un centenar de independentistas catalanes se atrevieran a combatir por su Cataluña, que no es toda Cataluña, que la mayoría es nuestra.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 9 de septiembre de 2021