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Enrique García-Máiquez

Dos más dos

España dio cobertura a un crédito para que Marruecos adquiriese 40 trenes. Mientras tanto, ellos dedican unos 5.400 millones de euros al año a sus Fuerzas Armadas y compra a Estados Unidos Apaches, HIMARS, F-16...

Napoleón, que de la cosa sabía por experiencia propia (y nuestra), lo tenía claro: «Para hacer la guerra hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero». Son como los tres secretos de la cocina francesa (mantequilla, mantequilla, mantequilla), pero en realismo político. El corolario, pues, se saca solo y tanto que Sun Tzu, en El arte de la guerra, lo sacó sin necesidad de leer a Napoleón y veintitrés siglos antes: «Un general inteligente lucha por abastecerse a costa del enemigo». El Gobierno de España y, por ende, el de Europa están haciendo todo lo contrario: abasteciendo a Marruecos.

¿Cuánto dinero se le transfiere continuamente? La Unión Europea ha presupuestado más de mil millones de euros de cooperación bilateral en cinco años, incluidos centenares de millones para inmigración y fronteras. Además, en 2025, dentro de esa política, España dio cobertura a un crédito FIEM superior a 750 millones de euros para que adquiriese 40 trenes, concedido por el ICO a la empresa ferroviaria estatal marroquí. Mientras tanto, Marruecos dedica unos 5.400 millones de euros al año a sus Fuerzas Armadas y compra a Estados Unidos Apaches, HIMARS, Stinger, F-16, misiles aire-aire y bombas guiadas. Este rearme tiene una rentabilidad doble: por un lado moderniza inquietantemente a su ejército y, por otro, estrecha –más inquietantemente aún– sus lazos con los norteamericanos.

El consejo de Sun Tzu brilla aquí por su ausencia: abastecerse a costa del enemigo era su advertencia; financiar al que se arma frente a ti no figuraba en el manual. Me objetará un minucioso contable: «El dinero europeo no va a Defensa». Naturalmente. Pero el dinero es fungible. Cada euro europeo que paga una necesidad civil marroquí libera un euro marroquí para cualquier otra prioridad. Le estamos ahorrando el coste de oportunidad de invertir en misiles, nada menos.

Todavía cabe otra objeción. Marruecos no es un país enemigo, sino un socio fiable, fiabilísimo, como dicen en el Gobierno. La mínima prudencia política hace que esto tenga que ponerse, como mínimo, en cuarentena. Está el reciente episodio, tan brumoso como híbrido, de Ceuta, y también las pretensiones soberanistas absolutamente explícitas sobre la ciudad y sobre Melilla; y el asunto del Sáhara, al que se le ha echado mucha tierra encima, pero ahí está. Y el hecho de que en España las altas instituciones se tienten la ropa antes de visitar el territorio nacional por no ofender al vecino nos deja claro lo volátil y fácilmente ofendible que es el susodicho vecino.

Si la diplomacia nos aconseja seguir llamándole «primo» y haciéndonoslo, sea; pero dejando el dinero, dinero, dinero, que decía Napoleón, en los bolsillos correctos. Concedamos que no es un enemigo, sino un potencial enemigo, vale; pero no seamos tan obtusos de aumentar su potencia.

Hay un factor de política interna nuestra, encima. No tiene mucho sentido construirle trenes a Marruecos cuando los nuestros se caen a pedazos. Con todo, no salgamos en el artículo de hoy de la política exterior. No puedes dar ayuda económica a un país que gasta más de 5.000 millones de euros, el 3,5 % de su PIB, en armarse.

Es de idiotas, como ya explicó mi admirado Saavedra Fajardo hace siglos en la Empresa LXIX: «España, con el descuido que engendra la grandeza, ha dejado pasar a las demás naciones las riquezas que la hubieran hecho invencible». Pero es tan elemental y tan obvio que la incompetencia empieza a parecerse demasiado a la traición. Estamos financiando el armamento que se puede volver contra nuestros jóvenes compatriotas en un horizonte de posibilidades no tan imposible como nos gustaría. Sé que con este artículo no digo nada nuevo (ya lo dijeron Napoleón, Sun Tzu y Saavedra); pero me urge decirlo para que luego no digan «no lo sabíamos».