«Vuestra Majestad sabrá que podemos bombardear Rabat»
La programación de la invasión resulta incontestable si no somos tan tontos como nos cree Sánchez. Traslados de miles de personas en camiones vigilados por la gendarmería marroquí, como prueban grabaciones del informe policial a la jueza
Los suyos aplaudieron a rabiar la intervención de Sánchez en el Congreso. Veremos hasta cuándo. Tras recuperarse la normalidad constitucional, muchos de estos pobres diablos andarán desorientados y los que puedan volverán a sus oficios en el caso de que los tengan. La política es dura, ya se sabe, pero lo es más cuando se han hecho todas las apuestas a un número que no entra en el juego. Sánchez es el clásico tahúr que se muestra gallito hasta que otro participante le encuentra el as de la manga. Lo cierto es que no da la sensación de valiente. Recordemos Paiporta.
Con lo que ya sabemos es evidente que detrás de la invasión de últimos de julio estaba Rabat. Y está detrás de la situación que se mantiene. Marruecos vive un momento difícil con Mohamed VI enfermo de cuidado y largas estancias en París, también por motivos médicos, y manejado el Reino por una camarilla de militares y políticos y un grupo de poderosos empresarios, en algunos casos socios del sultán, que han contribuido a convertirle en el Monarca más rico de África y uno de los más ricos del mundo. Su hijo, el Príncipe Heredero Mulay Hasán, de 23 años, se convertiría en Rey. Se forcejea para manejarle.
Rabat necesita, en esta coyuntura más que en anteriores, recurrir a la grandeur, como corresponde a una alta clase de herencia francesa. Por eso recurre a reivindicaciones territoriales, que en el fondo le dan igual, sobre todo cuando España evidencia extrema debilidad, con pactos internacionales penosos, creándose enemigos, y cuando Rabat, tiene cogido por los dídimos a Sánchez con las grabaciones de Pegasus. La jugada es inteligente. Al otro lado, un presidente en Moncloa que conoce perfectamente lo que saben de él, sea público o privado, y que está atado a la hora de cumplir con su deber, el de cualquier mandatario ante una situación de violación de la integridad territorial de su país, que Sánchez reconoció en su breve visita a Ceuta. Nada de un Ivanhoe descrito por Walter Scott, más bien un Pinocho construido por Geppetto.
La programación de la invasión resulta incontestable si no somos tan tontos como nos cree Sánchez. Traslados de miles de personas en camiones vigilados por la gendarmería marroquí, como prueban grabaciones del informe policial a la jueza. Ayuda a los invasores desde mar y tierra por los custodios fronterizos marroquíes. Apertura posterior del paso a mujeres y menores. Retorno a Marruecos del grueso de invasores, se ignora si con pacto previo con el Gobierno español. Permanencia en Ceuta de miles de invasores, la mayoría en edad militar, para mantener la ocupación y trastocar la vida de la ciudad. Una estrategia militar en toda regla, con la toma de puntos altos en los montes de Ceuta, cuyos asentados cuentan con sistemas de comunicación y tecnología para mantenerlos, como supimos por un magnífico reportaje del programa «Horizonte». El reconocido como jefe no dejó grabar su rostro, pero lucía un caro reloj de pulsera. Al tiempo, asentamientos en la playa, cerca de puntos críticos en la defensa y vida diaria de la ciudad, y cese de actividad en el polígono industrial de Ceuta, también ocupado.
Una operación militar —consultaré a Dávila, mi admirado general de cabecera— de elementos, según parece en su mayoría civiles, aunque el informe policial incorpora presencias inquietantes. Es chusco que Marlaska, un juez, se sulfure porque el informe demandado por la jueza no fuese entregado antes a los jefes policiales. Los autores del informe actuaban como policía judicial, y sólo tienen que dar cuenta a la autoridad judicial que lo demanda. Se dio un caso similar con el coronel Pérez de los Cobos. Marlaska lo cesó y la Justicia sentenció su readmisión.
La invasión de Ceuta es un tema abierto del que Sánchez huye. Veremos hasta cuándo y los pasos que sigue Rabat; ayer reiteraba sus delirios territoriales. Nada que ver con aquella acertada decisión sobre Perejil. Y un recuerdo: Hasán II le dijo a Suárez, en presencia del Rey Juan Carlos: «Usted sabrá que podemos ocupar Ceuta y Melilla en 24 horas». Suárez le contestó: «Y Vuestra Majestad sabrá que nosotros podemos bombardear Rabat en las horas siguientes». De aquella dignidad al oprobio actual.