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Desde la retaguardiaMiquel Segura

¿Será la Colònia de Sant Jordi la Ceuta mallorquina? Estamos a un paso

Es patético que gobiernos dictatoriales como los de Argelia y Marruecos no sean capaces de ofrecer a sus jóvenes un futuro mínimamente esperanzador provocando estas desesperadas huidas hacia las fronteras del sur de Europa

Ocurre a menudo: cuando un mentiroso, siquiera por una vez, dice la verdad nadie le cree. Pudo ocurrir, no lo sé, con las afirmaciones de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Entre las muchas mentiras que el mayor embustero del reino soltó en sede parlamentaria, puede que deslizara una verdad o una media verdad. Fue cuando dijo que la «llegada masiva» de inmigrantes citada en el famoso informe de la Policía sobre la invasión de Ceuta no se refería a la ciudad autónoma norteafricana sino a Baleares. La presidenta Prohens, siempre al quite, acusó inmediatamente al psicópata de la Moncloa de «ocultar información que afectaba a nuestra seguridad». En un vídeo que puede verse en las redes sociales, Margalida -rostro grave y fatigado, tono enérgico- echó toda la carne en el asador, exigiendo al todavía presidente del gobierno que traslade la información de la que disponga al respecto al ejecutivo regional.

Sea como fuere, Baleares corre el peligro de que la constante llegada de pateras al sur de Mallorca -también de Formentera- provoque una crisis social y política de primera magnitud. En la madrugada del viernes los hechos vinieron a dar la razón a la presidenta: nada menos que 85 migrantes ilegales llegaron a las costas de Migjorn y a la menor de las Pitiusas. En total cuatro pateras provistas de motores fuera borda de 45 caballos -imposible, pues, que vinieran directamente de Argelia- prácticamente sin estrenar. En la Colonya de Sant Jordi los recién llegados, eufóricos, celebraron su feliz desembarco encendiendo bengalas.

La recaudación neta de la mafia de pateras-porque aquí no hay impuestos- asciende a 15 millones

Dado que hoy todo o casi todo se registra en las cámaras de algún teléfono inteligente, las imágenes del jolgorio playero en plena noche corrieron pronto por las redes como la pólvora. Un amigo que veranea en la Colonya me mandó algunos vídeos junto a comentarios muy certeros: «tras la juerga playera los migrantes abandonaron las pateras. Poco después llegó un camión y las cargó para llevárselas. Tal parecía que todo estaba previsto, que se trataba de la operación rutinaria dedicada a estos menesteres»

Hay datos elocuentes sobre el criminal -y muy rentable- negocio de las mafias que trafican con seres humanos sin que nadie haga nada por impedirlo. Este 2026 han llegado a Mallorca un total de 267 pateras que, junto con los motores de las que están dotadas suponen un desembolso de 2.670.000 euros.

Teniendo en cuenta que estas embarcaciones han trasladado a 5.000 emigrantes que han pagado 3.000 euros por persona, resulta que la recaudación neta -porque aquí no hay impuestos- asciende a 15 millones. Al arribar a nuestras costas se acaba el negocio de las mafias -hasta el siguiente viaje, claro- y empieza el de las ONG's que bajo la capa de la solidaridad reciben pingües beneficios.

Es patético que gobiernos dictatoriales como los de Argelia y Marruecos no sean capaces de ofrecer a sus jóvenes un futuro minimamente esperanzador provocando estas desesperadas huidas hacia las fronteras del sur de Europa. Pero hay también una gran dosis de patetismo en la actuación de un estado que no sabe o no puede o no quiere controlar estas fronteras. Y eso no tiene nada que ver con la solidaridad ni con la debida ayuda que merece todo ser desvalido, sea quien sea y venga de donde venga. Es una cuestión de respeto al derecho internacional.

Y por eso, solo por eso -aunque hay muchos más motivos- el Sánchez uno, la Sánchez dos, el Apesteguía y la tropa asimilada perderán las próximas elecciones.