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El fin de lo woke se acerca. Después de años en los que lo políticamente correcto se imponía a la lógica, Calvin Klein ha recuperado la cordura a la hora de promocionar sus productos y ha contratado a la joven actriz Sadie Sink como nueva imagen de marca. Muchos no la conocerán. Algunos sí (los que hayan visto Stranger Things o la última película de Spider-Man), pero el nombre de la elegida es lo de menos. Lo que cuenta es el trasfondo.

El prototipo de los modelos, ya fueran hombres o mujeres, había sido siempre el mismo: jóvenes, guapos, despampanantes... todo aquello que muchos soñaban ser. Y fue así hasta que la corrección política entró en el mundo como un elefante en una cacharrería y puso todo patas arriba. Las marcas, acomplejadas, sucumbieron a la presión del qué dirán y transformaron hasta sus anuncios. De la pandemia para acá se han visto tropelías como la de la propia Calvin Klein, que promocionó el Día de la Madre con una modelo trans. Pero parece que alguien dentro de la marca americana ha sentado la cabeza.

Sadie Sink es la nueva imagen de la marca, con una clara intención de recuperar al público perdido, aquel que corrió despavorido por el wokismo que había inundado hasta la ropa. Las rubias no podían anunciar bragas ni pantalones y, si lo hacían, había que cancelarlas, como ocurrió el año pasado con Sydney Sweeney. En su caso, la marca American Eagle jugó con el doble sentido de la pronunciación de jeans y genes y se armó la de San Quintín. Había que mandarla a la horca por ser rubia y guapa.

Por suerte, la fábrica de vaqueros no cedió y mostró a otras el camino a seguir. Calvin Klein ha tomado el relevo, aunque a buen seguro será criticada. Y también Sadie Sink. ¿Cómo osa lucir en ropa interior y demostrar que es una joven atractiva? Le van a dedicar varias páginas en el próximo informe del Instituto de las Mujeres. Si en el último denunciaban el sexismo de los anuncios de helados, hamburguesas y panaderías, ¿qué no harán con la pobre pelirroja de Stranger Things? Solo se me ocurre una cosa para salvarla: que únicamente se vean los anuncios en Ceuta, porque, con lo que allí pasa, el Ministerio de Igualdad mira para otro lado.