PISA, Urquijo y un gobierno que no nos mienta
El problema del Gobierno es que ahora comete errores y no explica qué tiene que pensar la analfabeta masa dominante que, en realidad, dijo Jesús Quintero hace años, es la masa dominada. La de los iletrados que hasta presumen de no haber leído un libro en toda su vida
Encontré el otro día buceando por las redes, haciendo bueno el informe PISA, un reportaje formidable sobre Enrique Urquijo. Está en Radio Televisión Española y pensé, por un momento, en lo bien que hacen las cosas cuando hay dedicación y recursos a lo que creo debe ser la televisión pública. Una que puede disponer de gente y dinero, ya sea vía producción propia o externa, para dedicarse a fomentar la cultura entre otras cosas. En este caso la de un personaje fundamental para entender la música y el Madrid de los ochenta. Luego tuve que ver la entrevista al presidente del Gobierno en la misma plataforma y desperté del apacible sueño en el que me zambullí repasando la vida y obra del líder de Los Secretos.
La cuestión es que compañeros y amigos destacaban de Urquijo su sencillez a la hora de escribir y por tanto, la capacidad para tocar la fibra de quienes lo escuchamos. –No tienes por qué tener una letra de Lorca y una melodía de Beethoven para que la cosa suene bien–, decía uno de los hoy integrantes del grupo, Ramón Arroyo. –Pero si consigues que tanto la música como lo que dices encajen a la perfección, cuanto más sencillo sea, más llega–. Y quién sabe la razón por la que entonces me acordé de Rubalcaba y una célebre frase de lo más sencilla, pero acompañada de una melodía idónea, la de un país cabreado a más no poder. Merecemos un gobierno que no nos mienta.
De cómo actuaron algunos de los que la pronunciaron hablaremos otro día, pero el eslogan se aplicó y se repitió hasta la saciedad durante los días más complicados de la historia reciente de nuestro país, aunque vale para cualquier momento. Vale para cualquier gobierno, de cualquier país, cualquier autonomía o el más pequeño de los ayuntamientos. Todos, hasta en la comunidad de vecinos merecemos un gobierno y un presidente que no nos mienta. O al menos uno que no nos mienta a la cara.
El problema es que a todos nos han acostumbrado a la mentira, pero nos hacemos los suecos cuando tenemos oportunidad. Es modus operandi habitual desde hace ocho años en el Palacio de la Moncloa y ya ni siquiera se oculta. Iván Redondo, que ha susurrado al oído del presidente durante años y al que hemos elevado a la categoría de gurú lo tenía claro hace un par de días tras desclasificarse los documentos del CNI sobre la invasión en Ceuta. «Si vas a desclasificar 40 documentos, conviene explicar también qué significan. El Gobierno debería haber hecho una comparecencia para dar su interpretación y evitar malos entendidos.» Y se quedó tan ancho. Dicho de otra manera, los españoles somos todos imbéciles y por eso cuando enseñas un documento tienes que explicar al personal qué quieres que diga el documento que has enseñado.
Esa. Exactamente esa ha sido la forma de operar en el Gobierno durante años. La de Iván Redondo. Explicar a los españoles, a través de voceros muchas veces, qué tienen que pensar y cómo tienen que defender unas ideas o unas políticas. Aunque no estén de acuerdo con ellas. Consiste en mover a la masa a tu antojo. Necesitan creerte porque no se quieren creer al de enfrente. La estrategia es formidable. Y se la han comprado muchos. Millones siguen haciéndolo.
El problema del Gobierno es que ahora comete errores y no explica qué tiene que pensar la analfabeta masa dominante que, en realidad, dijo Jesús Quintero hace años, es la masa dominada. La de los iletrados que hasta presumen de no haber leído un libro en toda su vida. Pero ya digo, ahora cuando el castillo se desmorona, aparecen los errores. Por eso ni siquiera se explicó la cosa del CNI a los más afines, que el día que se conocieron los documentos estuvieron tapados horas dándose golpes contra la pared esperando a que alguien les explicara por qué los avisos en Ceuta no fueron avisos como precisamente decían los avisos. Maravilloso.
Los errores son síntomas de agotamiento y el gobierno que no debe mentirnos es el más mentiroso de la democracia. Rubalcaba no está aquí para verlo y yo por desgracia terminé el documental de Urquijo, que lo verán cuatro en televisión española mientras la entrevista al presidente lideraba las audiencias. Será porque el personal necesita saber qué tiene que pensar en este tiempo tan complicado de entender. Y ya de paso damos la razón al informe PISA que nos acaba de decir que los españoles nos hacemos cada año un poquito más ignorantes.