Descomposición y desgobierno
En 2011 protestaban porque no llegaban a fin de mes. En 2026, no llega ni para pagar una habitación. Esa es la evolución de España bajo el gobierno que dijo que venía a rescatar a la gente. Pero la culpa la tendrá la ultraderecha, que somos todos aquellos que no quisimos ponernos a un lado del muro
Los trenes de alta velocidad han degenerado en trenes de velocidad alta. Los responsables del servicio ferroviario aún no han sido capaces de explicar las razones del accidente de Adamuz. Ni se han dignado a escuchar a las víctimas. Han estado ocupados retirando traviesas que pudieran delatar posibles negligencias y preparando la candidatura de su ministro para tomar el control del PSOE tras el previsible descalabro electoral.
La bolsa de vivienda pública en España es la más reducida de Europa. La oferta de vivienda libre es menguante y la disparatada y errática legislación, sumada a las draconianas cargas tributarias que pesan sobre la compra, encarecen la promoción, la construcción y la adquisición. La normativa que pesa sobre el alquiler y la amenaza creciente sobre el arrendatario han retirado casas del mercado y amenazan con dejarlo desierto. La ministra de Vivienda no sabe, no contesta. Se zafa con insultos a particulares. Está buscando los papeles. Quizá necesite ocho años más.
La inflación lleva cinco meses subiendo por encima del tres por ciento y todos los gabinetes de estudios prevén que cierre el año muy por encima del dos. Los alimentos se encarecen, la escasez y el encarecimiento de la energía amenazan con darnos más de un disgusto en cuanto llegue el invierno. Suben los tipos de interés, sube el euríbor y el mercado de bonos está descontando una coyuntura económica preocupante a corto-medio plazo. El vicepresidente económico, a falta de soluciones creíbles más allá del clásico tope temporal a los precios, ha optado por encargar dos informes y por quitarse el traje de técnico para sumarse al batallón de los que culpan de todo a la ultraderecha.
Nos han invadido. La seguridad de la frontera sur de España sigue comprometida dos meses después de la violación de nuestra integridad territorial. Los servicios de Inteligencia advirtieron, pero la ministra responsable de esos servicios no se hace responsable de la falta de decisiones posteriores. Han desclasificado los papeles para dar más pistas al enemigo. El ministro del Interior viaja en coches blindados por miedo a una inseguridad que para él es real, pero para el ceutí de a pie es subjetiva. Por eso no debían coger el teléfono a Vivas. El presidente, finalizadas sus sesiones de buceo, se ha ido a Nueva York a encestar bolas de papel de aluminio en una papelera.
La mitad del gobierno alienta las movilizaciones contra el gobierno al que pertenece y fuerza decretos que de facto anulan el derecho a la propiedad y que contradicen los que ellos mismos han firmado previamente. Habrá que preguntarse cuál votan primero en el Congreso, no vaya a ser que se enmienden a sí mismos. Atentos a las instrucciones que recibe Armengol. O quizá sea indiferente, porque ninguno tiene visos de prosperar.
De uno en uno, así, hasta alcanzar los veintidós ministerios. El gobierno bonito, así se bautizaron. Estrategia: ingeniería social y no pegar palo al agua. De aquellos polvos, estos lodos. Por eso han venido las del Sindicato de Inquilinas a resolverles la papeleta. Acampada en Sol para que Podemos resurja de sus cenizas y lidere a toda la banda, huérfana de referentes. Y, si se tercia, rodear el Congreso. Están en ello.
En 2011 protestaban porque no llegaban a fin de mes. En 2026, no llega ni para pagar una habitación. Esa es la evolución de España bajo el gobierno que dijo que venía a rescatar a la gente. Pero la culpa la tendrá la ultraderecha, que somos todos aquellos que no quisimos ponernos a un lado del muro. A estas alturas, lo sorprendente es que el Partido Popular y Vox aspiren a tocar poder. Tendrán ante sí la titánica tarea de levantar un país en descomposición y con la calle en llamas.