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Desde la almenaAna Samboal

Inermes

Una crisis humanitaria se resuelve con humanidad. Una invasión como la que sufrimos se combate con inteligencia, astucia, coraje y firmeza. No con fotos ni relatos ni cuentos de las mil y una noches, no con mercadotecnia, estulticia o supina galvana

Marruecos ha mostrado sus cartas. La presencia de sus agentes de seguridad e Inteligencia en Castillejos en las horas previas y durante la invasión de Ceuta es la pistola humeante que confirma que la orden de violar la integridad territorial de España partió de la corte de Mohamed VI. La invocación posterior, en un acto religioso, en presencia del sultán y su heredero, de una fantasmal soberanía sobre nuestras ciudades en el norte de África es, a más de confirmación, la amenaza que, en otros tiempos, no muy lejanos, bien podría haberse interpretado como una declaración de guerra. Y sin embargo, por estos lares, en vez de, al menos, cubrirnos, andamos midiendo palabras, gestos, sentimientos y ofensas. Cuando no de hinojos dando las gracias. Como si la invasión fuera ya asunto del pasado cuando permanece, como si las algaradas en el Trampolín fueran espontáneas, como si tras los hombres y mujeres usados como carne de cañón que piden asilo a voz en grito y con pancarta no se escondieran los señores que deambulan por la ciudad moviendo los hilos para hacer realidad las ínfulas de conquista y grandeza de su majestad.

Una crisis humanitaria se resuelve con humanidad. Una invasión como la que sufrimos se combate con inteligencia, astucia, coraje y firmeza. No con fotos ni relatos ni cuentos de las mil y una noches, no con mercadotecnia, estulticia o supina galvana. No se entiende, salvo que hayamos tirado la toalla. No se entiende, salvo que tiempo atrás hubiéramos rendido la plaza. Pero si ni las mansiones en La Palmerie de Marrakech ni las regalías del régimen, ni los contratos de fosfatos o hidrocarburos ni la promesa de guardar una frontera que no guardan justifican tamaño acto de cobardía, de dejar a ochenta mil conciudadanos inermes, al albur de los acontecimientos, solo cabe preguntarse qué oscuros y graves secretos se guardan en Rabat que han hecho abdicar de sus obligaciones constitucionales a nuestro presidente, primer ministro que actúa cual gran señor feudal. De otro modo, no se explica que aterrizara en Madrid solo el tiempo necesario para cambiar de maleta. Más verosimilitud para los rumores y leyendas. Hasta que Jabaroot nos saque de dudas.

Tristeza la nuestra, que debemos confiar en piratas, desesperados y perplejos ante un gobierno que nos deja inexplicablemente al albur de los acontecimientos. O será que hay explicación y no la sabemos.

Cuando pase, que pasará, la legislatura que tan larga se nos hace será la del fango y la mentira para tapar el latrocinio y la traición. Será esa en la que descubrimos que el Estado dejó de ser el papá que nos resolvía todo al que nos vació los bolsillos boca abajo para financiar prebendas y lujos propios del antiguo régimen y nos dejó abandonados a nuestra suerte aun cuando su obligación fuera intervenir. Veremos también, ojalá, que la sociedad civil se ha hecho mucho más consciente de su valor, mucho más fuerte. En Valencia, en Adamuz, en La Palma, en Ceuta, resisten.

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