El virus del Nilo Occidental pertenece al grupo de los flavivirus
Análisis del virus del Nilo Occidental en España: por qué se han duplicado los casos y cuál es su mortalidad
A lo largo de este en 2026 ya se han registrado dos muertes y, al menos, 76 casos
Este martes, Extremadura confirmó la primera muerte en la región por el virus del Nilo Occidental en 2026, siendo el segundo fallecimiento registrado a lo largo del año. En este caso, la fallecida –de 68 años de edad– se encontraba ingresada en el Hospital de Don Benito-Villanueva de la Serena. Junto a este fallecimiento, el Servicio Extremeño de Salud (SES) ha confirmado un caso más, subiendo a 24 los afectados en la comunidad extremeña.
De esta forma, España ya ha registrado al menos 76 casos confirmados de esta patología, 52 de ellos en la Andalucía. Se trata de casi el doble que en todo 2025, año en el que se contabilizaron 45 casos y cinco fallecimientos –todos ellos en Extremadura–.
Cómo afecta esta enfermedad
El virus del Nilo Occidental afecta principalmente a las aves y se transmite mediante mosquitos del género Culex. Las altas temperaturas propias del verano aceleran el ciclo biológico de este insecto, que adquiere el virus al alimentarse de un ave infectada y puede transmitirlo después a otras aves. De igual manera, también puede picar a seres humanos.
La gran pregunta: ¿qué mortalidad tiene este virus en el ser humano? Según los datos publicados por la Real Academia Sevillana de Ciencias (RASC), aproximadamente del 80 % de las infecciones son asintomáticas, mientras que en un 19 % puede provocar síntomas leves como fiebre, dolor de cabeza, erupciones cutáneas, vómitos o cansancio. Del total, menos del 1 % desarrolla formas graves, entre ellas encefalitis y otras afecciones neurológicas. De este mínimo porcentaje, cerca del 17 % de estos casos graves puede acabar en fallecimiento.
Los mosquitos transmiten el virus del Nilo
Para encontrar los inicios del virus tenemos que remontarnos a 1937, cuando una mujer del distrito de West Nile (Nilo Occidental) de Uganda registró un síndrome febril. Posteriormente, desde los años 60 se detectaron infecciones esporádicas en Europa, pero la situación cambió a finales del siglo XX, cuando comenzó a mantener su circulación durante el invierno. Con el cambio de siglo este virus ya era endémico en países del sur de Europa como Italia, Grecia y España, avanzando posteriormente a otras naciones como Alemania, Países Bajos y, recientemente, Reino Unido.
En lo que respecta a nuestro país, las primeras evidencias aparecieron en animales en los años 80, mientras que en 2004 se confirmó el primer caso en personas. Las infecciones eran esporádicas hasta que en 2020 se registraron 77 casos graves y ocho fallecidos. Ya en 2024 hubo otro importante brote, con 158 casos graves y 20 muertes, siendo el año más negro en lo que respecta a esta enfermedad. La mayoría de los casos se concentraron en Andalucía y Extremadura, aunque también se han producido infecciones locales en regiones como Cataluña, Castilla-La Mancha, Castilla y León y la Comunidad Valenciana.
Finalmente, tal como señala la academia sevillana, para reducir la incidencia sería fundamental poner en marchas medidas como el control de las poblaciones de mosquitos durante todo el año, la mejora de las infraestructuras de gestión de aguas urbanas o la utilización de biocidas. Sin embargo, con las herramientas actuales la erradicación del virus no parece posible a corto plazo, por lo que siguen siendo necesarias nuevas medidas de vigilancia, prevención y control.