Susto o muerte
La herencia: una enorme y peligrosa brecha de seguridad, un problema monumental con un vecino extremadamente peligroso, una crisis migratoria, humanitaria y de salud pública, una crisis de confianza con el resto del mundo y una polarización interna creciente
Veinte días después de la «agresión a la integridad territorial de España» y tras un sinfín de paseíllos de ministros, poses y declaraciones contradictorias, cuando no ofensivas e insultantes y de estrategias de comunicación fallidas, Pedro Sánchez y Salvador Illa parecen haber dado al fin con la respuesta a la crisis de Ceuta. Puesto que la brisa canaria aliñada con papas arrugás y mojo picón y las profundidades atlánticas parecen favorecer la concentración y el pensamiento, el presidente del gobierno debe haber llegado a la conclusión de que, sí o sí, tiene que permanecer en La Mareta. Salvo cambio de criterio repentino que no debemos descartar, porque es marca de la casa, no hay nada más efectivo para trasmitir tranquilidad que predicar con el ejemplo. ¿Qué podría salir mal si el jefe sigue de vacaciones? Eso deben haber pensado sus ministros, que han arrastrado los pies para desplazarse a la ciudad autónoma. Hay que agotar las prebendas asociadas al cargo, que este podría ser el último verano para disfrutar de las cortesías de Patrimonio Nacional.
Sin duda, la solución definitiva a todos los problemas es trasladar a la península a quinientas niñas. Y, si no encuentran a las suficientes para alcanzar esa cifra –una pena, porque la foto quedaría de cine–, serán también varones, siempre y cuando sean menores de edad. De ese modo, tapan la boca a los reaccionarios europeos que han osado contrariarles avalando las devoluciones tras una invasión. Acaban también con el rosario de denuncias a las que los sindicatos de Policía, contraviniendo los deseos de Interior, están poniendo altavoz. Y, por encima de todo, ponen sordina a la segunda visita de Alberto Núñez Feijóo a Ceuta. ¡Qué mejor forma de recibirle que filtrando a la prensa amiga el inminente viaje de las niñas horas antes de que el presidente del PP ponga un pie en la ciudad! No saben dónde están ni quienes son, porque van una semana por detrás de las organizaciones humanitarias que están echando cuentas. No saben a dónde las van a llevar y acabarán argumentando que no lo desvelan para preservar su privacidad. Pero ya tienen el titular de portada y de paso siembran la semilla de la discordia entre los dos grupos políticos de la derecha. O lo intentan. A ver si los de enfrente caen en la trampa. Se lo ponen fácil: susto o muerte.
A esto se reduce la respuesta a la agresión a la integridad territorial de España: a dividir a los partidos del otro lado del muro. Ya se ocuparán en las próximas horas de echar leña al fuego. Y eso que no estamos para más incendios. Si no resulta eficaz, al menos contribuirá a detener la sangría que deben estar sufriendo en las encuestas. Es la única preocupación que parece anidar en la mente de los que nos gobiernan: la próxima cita con las urnas.
La herencia: una enorme y peligrosa brecha de seguridad, un problema monumental con un vecino extremadamente peligroso, una crisis migratoria, humanitaria y de salud pública, una crisis de confianza con el resto del mundo y una polarización interna creciente. Pero nada puede salir mal siempre que pongamos a Feijóo en aprietos.