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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Al estadista global se le atraganta Puchi y el pulpo

Es como un bromazo de humor negro verlo disertar con ínfulas al lado de Macron y en La Toja mientras el pueblo lo abuchea, Vivas lo señala como traidor y Junts le tumba su última cortina de humo, los dos decretos frikis

Qué linda escena. Emmanuel y nuestro internacional Peter, dos patos laqueados ya de salida, aplicándose jaboncito en la Moncloa el uno al otro. Ambos vendiéndose como superestadistas cuando sus pueblos están hasta la zanfoña de los dos y les enseñarán la puerta en las próximas elecciones.

Peter, ¡que lleva cuatro años sin presentar Presupuestos!, levitando con Macron y gustándose en el Foro de la Toja. Divagando en su Matrix. Hablando de satélites, de su lucha implacable contra «los tecno-oligarcas que destruyen nuestra juventud». Peter en plan estupendo. Con su agenda verde –«el cambio climático mata»–, destacando su «compromiso social», cuando tiene la empatía y la humanidad de un tapón de corcho. Peter demandando un presupuesto europeo de gasto a caño libre, pues uno de los grandes descubrimientos del socialismo es que el dinero público crece en los melocotoneros.

El mandatario más mentiroso de Europa abogando con su infinita jeta por unas «directrices europeas contra la desinformación». El presidente que quería tunear los resultados electorales con una fábrica de votos en América exigiendo que «se protejan los procesos electorales de injerencias». Curro Jiménez explicando cómo acabar con los bandoleros.

Peter fardando de megaestadista planetario… a la misma hora en que Vivas lo presentaba ante el juez como un traidor, con el que intentó contactar diez veces sin éxito para advertirle del peligro en Ceuta. No hicieron puñetero caso al abuelo ceutí. Estaban muy ocupados con otro asunto de Estado: la playlist de canciones de verano para el TikTok del líder.

Paradójico verlo en La Toja dando grandes lecciones de socialismo intervencionista, pues no era esa su ideología. Es el hijo de una familia burguesa acomodada de Madrid, un chaval que salía con su pandi de perolas machitos (el feminismo llegó mucho más tarde; de hecho, en privado es menos feminista que un casete del Fary, que en gloria esté). Se casó con una chica de más pájaros en la cabeza que estudios, que vivía todavía mejor que él, gracias al negocio de prostitución de su padre. Ambos empezaron a caminar por la vida flotando sobre los dineros del vapor de Sabiniano. Luego se convirtió en el candidato del PSOE que representaba una supuesta ala liberal. Pero sus urgencias de pírrico candidato electoral lo llevaron a cambiar de chaqueta y escorarse hacia la izquierda radical y populista. Su ideología está clarísima: la que le permita conservar el poder.

Escucharlo en La Toja en plan estadista planetario era como ver a Bud Spencer impartiendo lecciones de alta interpretación a la Royal Shakespeare Company. La votación de los decretos comunistas contra los propietarios había quedado, una vez más, en manos de un partido de la calaña de Junts. Pero finalmente hasta Puigdemont lo ha dejado tirado, pese a arrastrarse Moncloa ante él y haber puesto a Pumpido a su servicio. Los decretos eran demasiado frikis hasta para Puchi. Fin de legislatura. A Sánchez solo le quedan la propaganda, las tiendas de Sol y las últimas trampas.

En las calles pontevedresas, al ególatra en jefe le esperaba el espejo de su decadencia. Por una vez, el líder de la coalición progresista salió de su blindaje putiniano. Los gallegos somos gente sosegada. Así que se atrevió a internarse en la feria del marisco de O Grove. En plan jovial, se lanzó a degustar palillo en mano unas tajadas de «pulpo á feira». Casi se le atraganta el cefalópodo con los gritos de «sinvergüenza», «vete de aquí» y «Ceuta no se vende», que empezaron a sonar en cuanto los parroquianos detectaron su demacrada presencia.

Este viernes, los ociosos campistas de Sol cercarán el Congreso clamando contra los propietarios «buitres» (en buena medida familias de jubilados que tienen un piso alquilado). Las imágenes de los nuevos indignados, muy fotogénicas, darán la vuelta al mundo. Pero aquí ya nos conocemos todos. Sabemos que si no pasas la prueba de la caseta de pulpo estás finiquitado. Sobre todo ahora que la prensa y la justicia te han frustrado el GPI (Gran Pucherazo Iberoamericano).

Una lástima que un país con la categoría y posibilidades de España esté perdiendo miserablemente el tiempo con una mascarada comunista que no va a ningún lado, cuyo único objeto es que un ególatra fuera de control siga seis o siete meses más en su poltrona, blindándose así frente a los tribunales.

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