El 'Galliner del Caganer'
Pla se refiere a los peligros del nacionalismo con sintética dejadez. «Cataluña, el catalán, es la tienda; y el resto de España es el mejor cliente de la tienda. ¿Usted cree que el tendero va a prescindir de la clientela?»
Que uno sepa –siempre puede saltar la sorpresa–, hay cuatro voces referidas a Calella en España. Calella, aldea de San Bartolomé de Otuz, municipio de Valdés, en el Principado de Asturias. Calella, apellido de antiguo linaje del mismo Principado. Calella, municipio de Arenys de Mar en la provincia de Barcelona, Principado de Cataluña, y Calella de Palafruguell, en el Principado de Gerona, Cataluña. En este último Calella ampurdanés, se instaló después de la Guerra Civil el más claro, inteligente, irónico y escéptico escritor catalán del siglo XX, que escribía como los ángeles en español y catalán, y que por su bien explicado y razonado antinacionalismo ha sido olvidado por el ultrafascismo separatista del mismo modo que Salvador Dalí.
En el libro de entrevistas Conversaciones en Cataluña de Salvador Pániker (Kairós, Barcelona 1969), Pla se refiere a los peligros del nacionalismo con sintética dejadez. "Cataluña, el catalán, es la tienda; y el resto de España es el mejor cliente de la tienda. ¿Usted cree que el tendero va a prescindir de la clientela?».
Ignoro si el restaurante 'El Galliner' está en la Barcelona de Arenys de Mar o en la Gerona de Palafruguell. Pero en una ubicación u otra, el propietario del 'Galliner' es un gallina. Me lo ha recordado el malvado Twitter, que no deja olvidar las afrentas y los desprecios. Le recomiendo al propietario del 'Galliner', un restaurante que inspira recelos de consumición, que amplíe su razón social y lo denomine a partir de ahora 'El Galliner del Caganer' en homenaje a Puigdemont.
A mí, personalmente, que el dueño de un restaurante de Calella la que sea, milite con entusiasmo en el separatismo ultranazi de Cataluña, me la trae al pairo. Pero este individuo se negó, mediante gran cartel que lo anunciaba, a dar de comer a los guardias civiles y policías nacionales que dieron la cara por todos los españoles –millones de catalanes entre ellos–, durante los altercados violentos posteriores a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, si bien aquello fue un 155 muy suave, un cientocincuentacinquito.
En la fotografía posa orgulloso ante su obra. «No servim a las Forces de Ordre public no autonomiques. Tampoc volem els seus serveis. Gracies. El Galliner». Lógicamente, vestido con una camiseta negra, el color fascista de las SS de Himmler y de los fascistas italianos. No considero necesario traducirlo al español, porque el idioma catalán que proviene del valenciano, se entiende perfectamente. Lo que no entienden los catalanistas es el aranés del Valle de Arán y el mallorquín cuando los isleños lo hablan en su acento más cerrado. Pero eso es otra vaina.
Mi intención no es otra que recomendar a los muchos –cada año menos–, turistas de otros lugares de España que se planten en chancletas y pantalones pirata en Calella, que no gasten ni un euro en el «Galliner del Caganer». Más aún, cuando hoy, 12 de octubre, celebramos el día de la Hispanidad y de la Patrona de la Guardia Civil, la Virgen del Pilar, pocas jornadas después del Día de los Ángeles Custodios, patronos del Cuerpo Nacional de Policía, si el nada aseado dueño del «Galliner del Caganer» se negó a dar de comer y de beber a nuestros guardias civiles y policías –que también lo son de él–, no tendría sentido faltarle el respeto al gran José Pla.
Si el tendero no quiere dar de comer a los que llegan de otras regiones de España, que se meta los caracoles y las escalibadas y los «moixernons» por su conducto antifonario, es decir, por el culo.
De Calella exclusivamente, no se vive, caganer del Galliner.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 12 de octubre de 2021