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Los estrategas de Sánchez andan escondiéndose por los pasillos. Su jefe está muy enfadado con ellos. Están en mala racha, ya saben cómo son estas cuestiones que tienen que ver con el azar. O estás en racha o no. Lo de la vivienda se les desinfló cuando comenzamos a enterarnos de que un buen número de socialistas eran también grandes tenedores de viviendas alquiladas. Algo normal en cualquier país, pero que el sanchismo ha querido denigrar hasta el punto de llamar «buitres» a pequeños empresarios o incluso a humildes propietarios que completan su pensión con el alquiler de alguna casa, fruto del esfuerzo de toda una vida. El gusto por la necrofilia de esta extrema izquierda se desdibujó con la pobre Maricarmen. Se acabó la vivienda. Ahora lo que hay es que construir un millón para atender esa capacidad que posee España de crear 200.000 hogares nuevos cada año.

Ayer tuvimos oportunidad, en la jornada que sobre esta cuestión organizamos en El Debate, de conocer muchos datos y de analizar y diseccionar los problemas reales del sector, que no son precisamente las personas que alquilan sus casas, sino las autoridades que nada hacen para solucionar el problema. Eso sí, mientras un indigno delegado del Gobierno en Madrid mantiene para desdoro de la capital la acampada de la Puerta del Sol. Allá ellos: no tengo ninguna duda de que semejante actuación restará votos al PSOE.

A continuación, pusieron toda la carne en el asador para sacar adelante la sospechosa ley de nietos. ¿Qué se escondería ahí para que tuvieran que embarrar la biografía de Ángel Gabilondo? El asunto puede llevar al banquillo a Albares, ese gigante de la diplomacia española, y a Sofía Puente, hermana del ansioso aspirante a suceder a Sánchez.

Con toda humildad, esta batalla de la ley de nietos la hemos dado con mucha diferencia sobre otros desde El Debate, gracias al magnífico trabajo de Isabel Durán.

A los estrategas sanchistas, Iván Redondo incluido, más allá de especular con el voto de los residentes extranjeros, se les van agotando las ideas. Por eso fueron a la mejor escuela posible –nótese la ironía–: la Argentina de los Kirchner y la Venezuela de Maduro. De ambos magisterios delincuenciales copiaron el baile y el beso a Begoña. Yo suelo ser muy respetuoso con los sentimientos amorosos de las personas, pero siempre en la intimidad. Exponerlos públicamente es, entre otras cosas, una cuestión de mal gusto. Ahora bien, no estamos aquí para redimir a nadie acerca de sus valores estéticos. Y menos a Sánchez, que él solo sabe equivocarse.

Ante semejante rosario de errores de precampaña, tras la «V» de vivienda hay que buscar con urgencia otros comodines. Ya solo les queda uno, a tenor de la pasión que desde Zapatero ha demostrado el PSOE por la necrofilia. Esto último, junto con la fascinación por el nacionalismo abrasivo, son dos de los grandes misterios del socialismo español. Por eso van a aprovechar que el próximo día 20 de noviembre hará 51 años que murió Franco. Más de medio siglo. Es una fecha en la que tratarán de volver a las dos Españas. Pues fíjense, creo que lo de Franco solo excita el voto de los más jóvenes y aburre soberanamente a los mayores. Es tal vez el trabajo más estéril de los estrategas sanchistas, Iván Redondo incluido. Cuando para mirar al futuro y proponerle algo ilusionante a los españoles tienes que tirar de un muerto de hace medio siglo… Tú mismo.